Capítulo 20. Para los sonrojos tiernos, pasión sin miedos
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Sakurai se quedó quietecito en su sitio
cuando Aomine abrió la puerta de su casa. Esta es de hecho la primera vez que
viene aquí, y de alguna manera se siente extraño visitar el hogar de su novio
en estas circunstancias.
– Daiki, acabo de darme cuenta de que
desconozco muchas cosas de ti.
– ¿Ah? No desconoces tanto, y sabes lo que es
importante. No intentes engañarme con eso ahora, Ryo… – El moreno asegura, tira
de la mano del castaño asaltando sus labios en un beso lejos de la dulzura y la
pasión. Sakurai entiende que su novio tiene hambre
de él y no piensa dejarle escapar esta vez. Honestamente, él tampoco quiere
huir.
Porque una vez que aquellos labios toscos
comenzaron a repartir la pasión sobre su boca, el castaño dudó que tuviera
voluntad para negarse a seguir, su cuerpo también clamaba por contacto íntimo,
por el calor de aquellas manos rugosas que sin preámbulo le fueron arrancando
las ropas hasta dejarle al desnudo, acostado sobre la cama blanda que tiene el
olor del moreno.