Capítulo 3. De
Primeros besos e inquietantes deseos
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Sakurai tartamudeó sin conseguir decir una
sola palabra coherente. La cercanía de Aomine le tenía nervioso y avergonzado,
y hasta intimidado, nunca ninguna persona se le había acercado de aquella
manera, invadiendo su espacio personal con tal confianza que estaba dudando de
saber a ciencia cierta dónde terminaba su cuerpo y comenzaba el del moreno.
Aomine sonrió burlón, con esa nefasta personalidad suya que enervaba a más de
una persona, tanto en su equipo de baloncesto como compañeros de clase. Le
estaba respirando en el cuello, erizándole el vello de la nuca por cada exhalación
que acariciaba su piel, de un momento a otro la lengua del moreno se paseó por
la extensión que va del nacimiento del cuello a su oreja, la corriente
eléctrica que sacudió el cuerpo del tímido jugador le hizo sonrojar como
termostato, reprimir un gemido y empujar al otro queriendo salir corriendo de
ahí.