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Parte 4. Amigos sexuales
Yaku
Morisuke, de segundo año, tenía una personalidad un tanto especial. Su carácter
no era el más amable de todos, tendía a llevarse de una forma un poco pesada
para algunos. Y la más de las veces, la gente fuera del club no se le acercaba
mucho porque “es un tipo difícil que solo sabe ordenar”, todo y que en realidad
el joven de baja estatura no ordenaba, aunque había con quienes sí
trataba de imponer su voluntad. Claro, solo con aquellos que le tenían respeto
y sabían que su palabra era casi tan válida como la del capitán.
Sin
embargo, lo que le gustaba a Lev Haiba del muchachito de baja estatura, muy
probablemente era justamente esa actitud caprichosa cuando se metían con su
altura. Era como “un gatito renegado que mostraba las garras y los colmillos
como si fuese a atacar”, eso en palabras del propio mestizo. Por supuesto,
cuando Yaku escuchó al joven de ojos verdes decir aquello con esa sonrisa
petulante que solía adornarle la boca, le dio tremendo puñetazo en la boca del
estómago (que, pese a que el líbero del club de voleibol no quisiera, era la
única parte anatómica del mestizo que quedaba a su alcance, golpearlo en el
rostro le era todo un problema dado el más de 1.80 en que se alzaba). Y desde
entonces, Yaku no tenía más remedio que aguantar al insolente mestizo
tras suyo declarándole todo tipo de cosas que le crispaban los nervios.