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Parte 15. Una pincelada de vida
campirana, por un puñado de recuerdos para el corazón
Cuando
Tsukishima se percató de que Yamaguchi estaba caminando hacia él, el corazón
les palpitó a mil por hora. Sí, a ambos. Las mejillas del pecoso estaban
bañadas de carmesí, lindamente ruborizadas dándole un aire tierno; y sus ojos
estaban más brillantes que nunca. Tsukishima pensó que esa mirada, junto a sus
mejillas moteadas de pecas hacía lucir su rostro como una galaxia, un trozo del
universo, y a él de pronto le daban ganas de explorar las posibilidades que ese
universo tenía para ofrecer.
Yamaguchi
sentía que le temblaban incluso las piernas conforme avanzaba un paso más cerca
de su amigo. Pero era solo un beso en la mejilla ¿qué tan furioso podría
ponerse Tsukki por algo así? El pecoso alejó aquel tipo de pensamientos de su
mente, o terminaría reculando y desperdiciando esta única oportunidad para ser
un poco valiente y lanzado. Tragó
hondo cuando estuvo frente a Tsukisima, y buscando apenas la mirada del rubio,
la conectó por un segundo, se empinó al frente estampando un ruidoso beso en la
mejilla izquierda y giró sobre sus talones, volviendo al sitio de la silla caliente en un santiamén.
Tsukishima
aclaró la garganta, se acomodó los anteojos y maldijo mentalmente el hecho de
sentir sus mejillas tibias. ¡Seguro estaba sonrojado! ¡Él!