Capítulo 16. Para secretos gordos, soluciones cariñosas
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Honestamente no sabe a ciencia cierta cómo
llegó a esto, habían comenzado a
molestarse –como prácticamente siempre–, bueno, Takao se ha metido con Midorima
por principio de cuentas, picándole el orgullo y metiéndose con sus formas de
relacionarse.
– Por eso creo que tú y yo no vamos a hacer
más que besarnos, y eso que es casi solo cuando te lo pido… – Espetó con un
gracioso puchero que solo hizo al ojiverde fruncir el ceño más
pronunciadamente… – No espera, me corregiré, cuando te ando buscando la cara y
casi te amarro a una silla para besarte.
– Esa es una exageración.