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jueves, 29 de diciembre de 2016

Time Out. PRÓLOGO.



Título: TIME-OUT
Autora: Felina
Parejas: KageHina, DaiSuga, AsaNoya, TsukiYama, UTake, probablemente otras ;D
Anime: Haikyuu!
Género: Romance, Comedia
Advertencia: Lemon, Mpreg

~~*~~
Prólogo
De Saques y Recepciones

Tomemos este apartado a modo de prólogo, porque el mundo es demasiado amplio y los minutos insuficientes para cubrirlo por completo; así como el sol anuncia el día y la luna la noche, y del mismo modo en que un juego inicia con el Saque como puede continuar o culminar con algún tipo de recepción que lleve a más. Pero bueno, que acá no hablaremos propiamente de cuestiones técnicas del recientemente popular deporte conocido popularmente como Voleibol, que entraríamos en complicaciones y el tiempo apremia, se ha dicho ya.

Veamos, comenzar por el inicio debería ser lo correcto pero, por esta ocasión, romperemos las normas de lógica e iniciaremos en algo así como el punto intermedio. O al menos el origen de lo que podría considerarse una serie de circunstancias “problemáticas” que un grupo de adolescentes honestamente no contempló porque, adolescentes al fin y al cabo, no incluyeron en la fórmula todas las variantes posibles y sus “experimentos” dieron por resultado una situación imprevista.

De modo que, vamos a iniciar pues en esa escena en la que, sentados todos a la mesa compartiendo la comida después del entrenamiento matutino, van dándose cuenta de algo que, si bien no era del todo novedoso, estaba por fuera de los límites considerados “normal”.

– ¿Son solo mis ojos, o Suga-san está más lindo que antes? – Nishinoya ha sido el primero en opinar lo que, está bien saber, andaba rondando el pensamiento de todos, o casi todos, porque hay un par de personas en particular que no se enteran de este tipo de cosas por estar en su propio mundo. Sí, solo por conocimiento general, estamos hablando de Hinata Shoyo y Kageyama Tobio, que dedicados a devorar sus alimentos no prestan demasiada atención a su alrededor. O no prestaban, porque aquel comentario de su senpai ha capturado sus oídos.

– Es verdad… – Señalan simultáneamente los de segundo junto con Tanaka y Asahi. Los chicos de primero simplemente observan al mayor sonrojándose suavemente, en tanto Daichi traga hondo y carraspea inquieto.

– ¿Mh? ¿Diciendo cosas vergonzosas de nuevo, chicos? No hay nada acerca de eso, soy solo yo como siempre… – Sugawara sonríe y avergonzado trata de restarle importancia al comentario del Libero, lo que menos quiere es atención que de por sí no sabe muy bien cómo lidiar con ello.

– Opino que Suga-kun está hermoso porque vive un amor correspondido… – La manager y única chica del Club de Voleibol susurra tranquilamente. Después de todo tiene esa particularidad en su personalidad, señalar las cosas de forma tan natural que no suele percatarse de la prudencia de sus palabras.

– ¡Qué! ¡Suga-san está saliendo con alguien! ¿Desde cuándo? ¿Daichi tú sabías? – La conmoción se hace de los chicos, Nishinoya como cada vez es el primero en exclamar a viva voz todas sus curiosidades, acompañado de cerca por Hinata, que de pronto muestra interés en los sucesos aunque va perdido a medio camino y no está seguro de enterarse de todo.

– Esto… chicos, ah… – Sugawara parlotea sin conseguir calmar a sus amigos que casi se le han ido encima con sus preguntas, asfixiándole un poco y haciéndole sentir incómodo y mareado.

– ¡Suficiente! ¡Basta todos, dejen en paz a Sugawara! – La potente voz del Capitán se hace sonar en el comedor haciendo que todos paren. El peliplatino suspira y agradece mentalmente la intervención de su “amigo”, se regalan una mirada cómplice que solo es captada por la manager pero que levanta sospechas entre Nishinoya, Asahi y Kageyama; tal vez incluso Tsukishima… – Su vida privada no es de asunto nuestro, impertinentes.

– ¡Ah! ¡Dices eso tan calmadamente porque seguramente tú sabes todo, Daichi!

– N-no, no es eso. ¡Dejen de molestar y coman de una buena vez!

Tras algunos minutos en los que todavía era difícil para Nishinoya y Hinata mantenerse tranquilos, las cosas volvieron a su normalidad. O casi, lo que puede considerarse “normal” dentro del Club.  De todas maneras durante los siguientes días Nishinoya seguía convencido de que su amigo Sugawara se ponía más y más lindo que el día anterior, y eso lo tenía hecho un volcán activo de curiosidades. No solo él, a decir verdad.

– Oye, Kageyama, ¿por qué crees que Suga-senpai es más lindo cada día?

– ¡Ah! ¡Qué narices me preguntas eso a mí! ¡Además no es momento para estar pensando en eso, enano!

– ¡No me llames enano, Bakayama!

– ¡Maldito enano, no inventes palabras tan estúpidas!

– ¡El único estúpido eres tú!

Bueno, ciertamente Hinata no avanzaría en sus inquietudes porque, cuando “hablaba” con Kageyama, las cosas entre ellos siempre terminaban en gritos y peleas absurdas.

Por otro lado, Kiyoko es la única que parece estar enterada de la verdad, quizá por su intuición femenina y que, a pesar de ser algo imprudente o no tener demasiadas habilidades sociales, es muy observadora.

– Sugawara-kun, pienso que deberías hacerte unos estudios lo más pronto posible.

– ¿Eh?

– He notado que de un par de semanas hacia acá tu apetito ha aumentado, y eres más sensible a los olores e incluso las situaciones en sí. Podría ser que estés embarazado.

– ¡¿Eh?!

--//--

Y ahí es más o menos donde toda esta historia comienza, con una situación de nueve meses de cuidados especiales, un puñado de adolescentes que todavía tienen que madurar, y un par de adultos que no están enterados de nada, aún.


Continuará…

Time Out. PARTE 1.



~~*~~
De Estrategias y Metas Claras

Por partes, todo en esta vida puede ser comprendido y asimilado si solo se observa desde todas las perspectivas posibles y se toman en cuenta cada una de las partes que componen tal o cual situación, ¿cierto? ¡Por supuesto! Sugawara Koushi está convencido de eso justo ahora. De modo que, hay que pensar primero en todas las posibles explicaciones a los cambios en su rutina como el aumento de apetito o la agudeza de algunos de sus sentidos. ¿Cómo va a tratarse de un embarazo? Ni que fuera chica.

Aunque Shimizu sonó tan segura cuando lo dijo… – El peliplatino suspiró una vez más en lo que va de la mañana, todo y que debería estar prestando atención a sus clases.

Sentado unos cuantos lugares atrás, Daichi tampoco estaba atento a la clase por estar observando a Sugawara, algo andaba raro con él y no ha encontrado el momento oportuno para preguntarle nada, entre los entrenamientos y las clases poco queda de tiempo libre, esperar hasta el fin de semana le suena casi a eternidad, pero piensa que no tendrá más opción.

A menos que me las ingenie para volver a casa juntos sin la compañía de los demás… – El pensamiento del Capitán fue interrumpido por el sonar de la campana que anunció el cambio de clases. Quiso acercarse a Sugawara para proponerle irse juntos esa noche luego del entrenamiento, pero de inmediato un par de compañeras acapararon la atención del muchacho.

Daichi suspiró derrotado. Ni hablar, tendría que esperar.
Y esperar.
Y esperar.

– ¡Maldición, no puedo hablarle ni siquiera antes del entrenamiento! ¡Joder, me estoy poniendo nervioso!

– ¿Daichi-kun?

– ¿Sí sensei?

– Te noto algo distraído, ¿va todo bien?

– Sí. Disculpe haberle preocupado, sensei… – El Capitán se inclinó acompañando su disculpa con el respeto pertinente. El hombre de personalidad amable (aunque algunos lo considerando “tierno” y “lindo”) sonrió suavemente y agitando la mano aseguró que no era nada.

– Es normal que me preocupe por cada uno de ustedes, después de todo el Club de Voleibol también es mi responsabilidad, así que por favor, no dudes en acudir a mí si necesitas hablar de lo que sea, ¿está bien?

– Ah, sí. Gracias, sensei.

– No es nada… – Dijo riendo nerviosamente, azorado por el respeto, malacostumbrado a ese trato de parte de sus alumnos cuando escucha los rumores por los pasillos acerca de lo joven que luce o de lo fácil que podría resultar confundirle con un alumno más… – Hay que continuar entonces.

– ¡Sí!

En tanto el entrenamiento seguía su curso normal –lo que lleva por default las constantes peleas entre Kageyama, Hinata y Tsukishima (Yamaguchi solía entrar por inercia, Tanaka se incluía por voluntad propia, y Nishinoya era lo suficientemente enérgico como para quedarse atrás)–, Kiyoko estaba al pendiente de Sugawara, convencida de su teoría respecto al estado de salud del muchacho, y no es que esté presentando mareos. Aún. Sin embargo, el peliplatino podía darse cuenta de la mirada de la chica, y eso lo estaba poniendo de nervios.

– Hoy andan raros algunos de ustedes. Especialmente Daichi y tú, Sugawara, ¿están teniendo problemas en sus clases o algo?

– Para nada Ukai-san, es… es solo… algo que resolveremos de inmediato. Por favor disculpe si estamos interfiriendo con el entrenamiento.

– No es nada de lo que tenga que preocuparme según parece, pero más vale prevenir. Así que lo que sea, confiaré en que puedan solucionarlo por su propia cuenta.

Con tantas miradas sobre su persona, Sugawara se percató de que la solución debía encontrarla de inmediato. Una vez terminado el entrenamiento y el correspondiente aseo para dejar el gimnasio en las condiciones adecuadas, todos comenzaron a tomar camino a sus respectivos hogares. Como solía pasar, Daichi y Tanaka, junto a Hinata y Kageyama hacían compañía con él y andaban más o menos por el mismo rumbo hasta ciertas calles. Pero esa vez, necesitaba hablar con Daichi a solas, tenía que ingeniárselas para tomar caminos separados.

– Daichi, vayamos hoy después de los chicos, necesitamos hablar.

Envió un texto al móvil del Capitán, recibiendo rápidamente una respuesta.

– Está bien, porque pensaba justamente lo mismo. Les diré que tengo que hablar algo con el sensei, así que tú espera por mí en la entrada de la escuela.

Ciertamente Daichi quiso consultar algunas cosas respecto a los partidos de práctica que todavía tenían en puerta, así que fue el pretexto ideal. Así, mientras hacía tiempo y todos los demás se iban retirando, Hinata prácticamente se colgaba de Kageyama haciéndole toda clase de preguntas absurdas.

– ¿Cómo esperas que yo sepa algo de eso, idiota?

– Pues tú todo lo sabes, Kageyama. Y deja de llamarme idiota, idiota.

La venita en la sien del setter comenzó a latir molesta, y naturalmente el ceño se frunció pronunciadamente dándole ese aspecto de enojo que el pelinaranja se sabía de memoria.

– ¿Sobre qué están discutiendo tan animadamente esta vez? – Tanaka les preguntó mirándolos acosadoramente, lo que hizo tragar hondo a los más chicos, después de todo su senpai sí que sabía cómo sonsacarles información.

– N-nada… – Tartamudearon al unísono.

– Con que nada, eh… – Los miró inquisitivamente sin tragarse la respuesta que le dieron… – Ustedes, tan idiotas como desde que llegaron al Club y quisieron hacernos creer que se estaban llevando bien cuando no era así. No saben mentir para nada, par de idiotas.

– Vimos por accidente algo en los vestuarios esta tarde cuando vinimos a practicar dado que no tuvimos una clase que nos suspendieron.

– ¿Qué cosa vieron?

– Esto…

– ¡Contarlo de una vez!

– ¡Noya-san y Asahi-san estaban besándose! – Hinata respondió alterado. Kageyama se golpeó la frente pensando en que debería haber aguantado la presión y así no meterse donde no les llaman. Y Tanaka, bueno… Tanaka estaba pálido de la impresión.

– ¡¿Qué?!

--//--

Nishinoya y Asahi estornudaron al mismo tiempo. Totalmente ajenos a haber sido descubiertos por el dueto dinámico del equipo. Se miraron un poco sorprendidos por el estornudo simultáneo y luego simplemente sonrieron, iban andando por un parque que queda relativamente cerca de la casa del Libero, y era lo suficientemente solitario a esa hora como para animarse en caminar pegado uno al otro, sujetándose las manos y disfrutando de lo que ellos llaman su momento de calidad romántica. ¿Qué? Son así de románticos los dos.

– Estás sudando, Asahi.

– Es porque estoy nervioso, Yuu.

Ambos soltaron una risita. Era extraño llamarse por sus nombres y todavía no conseguían acostumbrarse a ello realmente, pero habían hecho una promesa cuando decidieron formalizar la relación complicada que tenían y convertirse en pareja, en novios; llamarse por su nombre cuando estuvieran a solas, y sentirse mucho más cerca del otro.

– Ya sé. Siempre lo diré, eres grandote y hasta puedes dar miedo, pero eres realmente tierno… – El Libero se permitió una sonrisita al notar la vergüenza del As de Karasuno… – Supongo que eso es justamente lo que me encanta de ti. ¿Sabes que esa fue la primer cosa que me enamoró de ti?

– ¿En serio? Creía que tal vez había sido mi impresionante físico.

– ¡Baka!

– Me gustó tu personalidad desde el momento en que te conocí en el Club… – Asahi dijo frenando de pronto su andar, sujetando el rostro de Nishinoya con su mano libre e inclinándose por un beso. Corto, rápido, dulce.

Las mejillas de ambos adolescentes se tiñeron abruptamente de carmesí. Sonrieron avergonzados y luego simplemente continuaron su camino. Todavía tenían al menos un par de minutos para disfrutar de la calidez de sus manos entrelazadas. Además, esa noche Asahi estaba invitado a pasar la noche en casa de Nishinoya, los padres de su novio estarían fuera por cuestiones de trabajo. Esa noche lo harían, por segunda vez. Era mucha la emoción que ambos sentían.

--//--

Una vez que habían comenzado el recorrido a sus hogares se sentía algo de tensión entre los dos, y eso era porque ninguna estaba seguro de cómo comenzar la conversación.

– ¿Te has estado sintiendo mal de salud, Suga?

– ¿Eh? No. En realidad no, Daichi. ¿Has notado algo raro en mí como los demás?

– Bueno, es cierto que has estado comiendo más, e incluso el otro día me echaste la bronca porque no te gustaba el olor de mi perfume. Y yo ni siquiera usaba perfume, era el simple olor del desodorante que siempre he usado.

– Cierto. Lo siento.

– Está bien, además ya te habías disculpado entonces. Aún así, no es propio de ti alterarte siquiera, y menos por cosas como esa. Si estás teniendo problemas en casa…

– No es nada acerca de eso.

– ¿Entonces?

– La verdad es que no lo sé. Simplemente comenzó y ya. Tengo hambre pero pensé que era solo porque me sentía contagiado por el entusiasmo de Hinata y Kageyama, pero luego está lo del olfato sensible, o ese cambio de humor tan impropio de mí. Estoy curioso también porque no tengo idea de lo que me pasa, Daichi.

– Bueno, podemos probar con comenzar a observar tu comportamiento, tal vez haya algo que lo esté desencadenando, el estrés o algo así. Ya sabes, desde que Kageyama se integró es inevitable que te sientas algo presionado por la posición de Setter, y es normal, Suga.

--//--

– Ahora que lo pienso, Kageyama, ¿a ti te gustan las chicas?

– No te incumbe.

– ¡Eh! ¡Pero claro que sí! Eres el único que nunca reacciona como Tanaka-senpai cuando la manager anda cerca, por ejemplo. Y las chicas de nuestra clase, hay algunas muy bonitas que incluso te encuentran atractivo, aunque luego dicen que el único problema contigo es tu personalidad.

Kageyama fulminó con la mirada al pelinaranja, pero éste parecía ajeno a las expresiones del peliazabache y seguía parloteando muchas cosas que ha escuchado de sus compañeras de curso junto a los recuerdos que tiene del Setter.

Tanaka por su parte hacía rato que se había despedido de ellos y tomado su propio camino, Hinata y Kageyama le vieron avanzar como auténtico zombie por las calles iluminadas por los faroles pues el anochecer estaba profundamente instalado en la ciudad. Luego de eso habían continuado dialogando de lo visto con sus senpais.

– Creo que deberíamos sentirnos un poco perturbados por eso, Hinata… – Kageyama dijo de pronto, interrumpiendo la verborrea del pelinarajna.

– ¿Mh? ¿Por qué?

– Porque ambos son chicos, por eso, idiota.

– ¿Eh? ¿Está mal que dos chicos se besen?

– No sé si esté mal, pero no es lo más común. O por qué crees que Noya-san y Asahi-san se ocultan para hacer ese tipo de cosas.

Hinata se sujetó el mentón con aire pensativo. Kageyama sonrió con burla tentadísimo de soltar uno de sus sarcásticos comentarios.

– ¿Deberíamos intentarlo?

– ¿Qué?

– Bueno, para saber lo que se siente y eso. Si ellos lo hacían no debe ser tan malo, ¿verdad? Además, tal vez así aprendamos para cuando salgamos con chicas. ¡Supongo que algún día querré salir con una!

Se miraron por un instante, más retándose que nada más y tras varios gruñidos, refunfuños, miradas duras y hasta un “piedra, papel y tijeras”, acordaron considerarse “novios”.

--//--

Esa tarde, como en otras ocasiones, sensei llegó corriendo al gimnasio. Sin embargo, en esta ocasión no llegaba tarde por nada relacionado propiamente con el club, simplemente le habían entretenido más de lo previsto en una Reunión de profesores emergente. Al entrar al gimnasio, la sudadera verde olivo estaba en sus hombros, dejando al descubierto lo delgado de la línea de sus hombros, además estaba algo sudado y las finas gotas resbalaban por el contorno de su cara. El Entrenador Ukai tragó hondo tras percatarse de que se le había quedado mirando de una forma extraña. Y por extraña, se refiere a que su cuerpo había tenido ciertas reacciones que nunca, pero en serio nunca, habían estado ahí por un hombre.

Para espabilar un poco, el Entrenador Ukai los separó para comenzar a practicar sus recepciones; haciendo mientras tanto todo lo posible para evitar que su pensamiento fuera donde el sensei.

Mientras tanto, Yamaguchi observaba con atención a Tsukishima. Pese a que ellos dos parecen amigos, a veces el joven se pregunta si en verdad será considerado un amigo por el rubio, ellos en realidad no conversan demasiado, y a menudo es tratado con insultos.

Aún así, lo admiro mucho. No, más que eso, hace algún tiempo que admití que me gusta. Tsukki realmente me gusta mucho.

– Hey, Yamaguchi, es tu turno.

– ¿Eh? ¡Ah, sí!

Tsukishima chasqueó la lengua cuando se dio cuenta de la distracción de su compañero. Se preguntó si todo andaría bien con él o si quizá estaban molestándole de nuevo por los alrededores de su casa.

Lo acompañaré hasta su casa hoy… – Fue la resolución a la que el rubio llegó sin siquiera pensarlo demasiado.

--//--

Todo había comenzado, como cada cosa natural en el pensamiento adolescente, por curiosidad. Kageyama Tobio es un muchachito cualificado para muchas, muchas cosas, no del todo académicas pero al fin y al cabo cualificado es –venga que inevitablemente el 90% de sus facultades intelectuales las emplea para el voleibol, razón por la cual el resto de las áreas en su vida están más bien desprotegidas–, pero una vez que se decidió en “salir” con Hinata Shoyo, obviamente que él tenía que asumir el rol maduro en la supuesta relación sentimental que han iniciado. Claro que ser novios todavía suena súper raro en el pensamiento del prodigio setter, pero como se dice por ahí, al toro por los cuernos.

– Bien, ahora que tú y yo estamos en una especie de relación hay que poner algunas cosas claras… – El prodigio setter carraspeó y cruzado de brazos se sentó ante un expectante Hinata que le miraba con sus enormes ojos almendrados y una media sonrisa que desde ya, tenía los nervios del más peliazabache crispados… – No vamos a ir por ahí cogidos de la mano ni haciéndonos arrumacos melosos.

– Oh, por qué no, las parejas hacen eso.

– ¡Las normales, idiota Hinata! Tú y yo solo estamos saliendo por conveniencia y es para saber cómo funciona todo esto.

– No tienes que gritarme por cada cosa que me dices, ¿sabes? Le pregunté a mamá ayer cómo actuaba ella cuando estaba embarazada de mi hermana o de mí y dijo que una de las cosas que más recordaba eran los cambios de humor, cuando me contó eso pensé “ah, Bakayama debe estar preñado siempre”. ¡Auch! ¡Bakayama eso dolió!

– Si no dijeras tantas estupideces no te golpearía tanto, incluso podrías ser algo lindo como Suga-san, idiota.

– ¿Ah? ¿Lindo yo? ¡De verdad!

– ¡No te emociones por cosas como esas, Hinata idiota!

Bueno, lo dicho con anterioridad, cuando los nervios de Kageyama están crispados en compañía de Hinata, difícilmente serán capaces de entablar algún tipo de conversación que los lleve al objetivo planteado.  

– Deja de maltratarme, Kageyama-kun~ – Hinata dijo de pronto en medio de la pelea que la recién parejita estaba teniendo, en ese instante había empleado el tono más dulce y ladino que podía emplear, y notó con cierto agrado malévolo la forma en que el setter detenía todo movimiento y le miraba con expresión sorprendida. Ah sí, y las mejillas ligeramente rosadas… – Así que te gusta el tono suave y dulce, ¿eh? ¡Maldito Kageyama soy un chico! ¡No puedo emplear esos tonos agudos para que me mires con esa cara tan atractiva!

– ¿Qué dijiste?

– ¿Eh?

Ambos se quedaron finalmente en silencio, evadiéndose la mirada y con una considerable distancia entre ambos, avergonzados de lo sucedido en ese último minuto de sus vidas.

– Oye, debería ser normal, Hinata.

– El qué.

– Que te resulte atractivo, si se supone que estamos saliendo deberíamos gustarnos, o algo así.

– ¿Aunque estemos saliendo solo por conveniencia?

– Sí.

– Ah… – Otro momento de silencio, más bien incómodo… – Pero Kageyama, tú no me has dicho que soy atractivo.

– Claro que no, porque como tú eres el pasivo en todo esto el término adecuado para ti será lindo.

– ¿Ah? ¿Qué significa eso de que yo seré el pasivo?

– ¿No es obvio?

– ¡Si te estoy preguntando es porque no es obvio, Bakayama!

– ¡Lo ves, por eso no eres lindo, Hinata idiota!

– ¡No me insultes en un punto crucial de nuestra relación o terminaré contigo cuanto antes!

– ¡Deja de decir tonterías!

– ¡Explícame por qué soy el pasivo!

– ¡Porque eres bajito, mono, lindo, tierno y te amoldarás perfectamente a mi cuerpo! ¡Hinata idiota!

– ¿Eh? – Al pelinaranja rápidamente le cambió su humor por uno curioso. Muy, muy curioso… – ¿Piensas todo eso de mí? Quitando lo bajito claro, eso no es para nada amable de tu parte, Kageyama-kun~

– ¡Tsk! Cállate.

– No, no. Vamos, quiero saber si de verdad piensas que soy mono, lindo, tierno. ¿Y qué quieres decir con que me amoldaré perfectamente a tu cuerpo? ¿Estás hablando de sexo?

El sonrojo explotó en la cara seria del setter, Hinata se contagió al instante en que procesó sus propias palabras, sobre todo cuando dijo sexo. Kageyama pensó que justo así, calladito y sonrojado se veía realmente lindo. Y para su suerte de adolescente, el tema y todo el contexto, su cuerpo comenzó a reaccionar proveyéndole de un calor que no necesitaba.

– ¿Vamos a tener sexo, Kageyama?

– ¡Qué! ¡Claro que no!... aún.

– ¡Por qué no! ¡No es que las parejas hacen eso y es por todo lo que estamos saliendo! ¡Queremos saber cómo se sintieron los senpais al besarse!

– ¡Exacto, ellos solo estaban besándose, Hinata idiota!

– Oh, es verdad… – El pelinaranja volvió a relajarse de inmediato ni bien el peliazabache había argumentado… – De todas maneras, vamos a intentarlo en algún momento, ¿no? ¿Cómo será el sexo entre dos chicos? Aunque tampoco estoy seguro de cómo es entre un chico y una chica. ¿Tú sabes, Kageyama?

– Tú, enano engreído… – El malhumor de Kageyama estaba peligrosamente en sus límites… – ¡Deja de decir idioteces sin más!

Por supuesto, Kageyama se le fue encima tratando de darle su merecido por decir tantas cosas vergonzosas, ridículas y estúpidas en tan poco tiempo. Así siguieron un buen rato hasta que las tripas de ambos muchachos gruñeron al tiempo y se dieron cuenta de lo tarde que era. Los padres de Kageyama no tardarían en llegar, y él solo se sentía aliviado de saber que no estarían solos en su casa, eso sí sería peligroso.

– Vamos a cenar, Hinata.

– ¿Tú sabes cocinar?

– No mucho, además de todas maneras mi madre dejó algo en la nevera.

– ¿Y estás seguro de que no se molestará por mi presencia?

– No. De alguna forma estaba contenta cuando le dije que un amigo se quedaría a dormir.

– Kageyama, ¿tú de verdad no tenías amigos antes?

– Tsk, no necesitaba amigos.

– ¿Pero ahora sí?

– Supongo que no es tan malo tener algunos. Y de paso me he hecho un novio idiota que no para de parlotear ni un minuto en todo el día… – Sí, ahí comenzó otra de sus peleas. Solo que al menos sería con el estómago lleno.

--//--

Luego de mucho haberlo pensado, Sugawara finalmente se decidió por hacerse una de esas pruebas que venden en las farmacias, sin embargo él la había adquirido vía web, y de por sí ya había sido un lío no ser descubierto en casa. Pero ahí estaba, esperando esos inquietantes dos minutos antes de conocer el resultado.

– Po-positivo. Estoy… en verdad estoy… ¿embarazado?


Continuará…

Time Out. PARTE 2.



~~*~~
De Juegos Tontos y Pruebas Positivas

Sugawara permaneció atónito durante algunos minutos, encerrado en el baño sin saber qué hacer a continuación, demasiado incrédulo a ese resultado positivo de una prueba de embarazo casera que, está seguro, debe estar mal porque resulta imposible tal cosa.

– Seguramente es un error, la prueba debe estar defectuosa. Dejaré de preocuparme por esto y hacerme ideas raras… – Dijo para sí, suspirando y guardando la dichosa prueba en la cajita en que venía empaquetada, ahora tenía que deshacerse de eso sin que su familia se diera cuenta o terminaría generándose gran lío.

Decidido en expulsar esos pensamientos innecesarios de su cabeza, Sugawara se alistó finalmente para ir a la escuela. Daichi lo esperaba una calle cercana a la estación como cada vez, así podían disimular las ganas que tenían de encontrarse todas las mañanas al irse juntos a la escuela. Se saludaron con una sonrisa sabiendo que debían posponer los besos o tomadas de mano para cuando estuviesen solos y en privado. Por supuesto, salta a la vista la relación de noviazgo que los adolescentes han sostenido desde hace al menos un año, y esa sospecha de embarazo que Sugawara se empeña en olvidar le recuerda sin embargo las ocasiones en que se las han ingeniado para intimar; de seis meses hacia acá cuando finalmente dieron el gran paso, contaban con al menos un encuentro sexual o dos por mes. Siempre cuidando que no se empatara con compromisos del Club como algún partido de práctico u oficial.

– Algo huele rico… – Sugawara elevó el mentón para captar con la nariz el aroma que se percibía en el ambiente… – Patatas dulces~

– Debe ser del puesto aquí cerca. ¿Quieres?

– ¿De verdad? ¡Sí, gracias Dai~!

A Daichi le extrañó un poco la actitud alegre del peliplatino, no porque no fuera alegre sino por la forma tan radiante con que se deslizó hacia el puesto casi dando saltitos de felicidad. El pelinegro sonrió con ternura dándole rápidamente alcance. Honestamente, cómo no enamorarse de un chico tan hermoso como Sugawara.

Sawamura Daichi estaba consciente de su actual amor por el peliplatino, sin embargo al inicio había sido complicado, le había costado bastante asimilar su atracción por alguien de su misma condición de género. Si bien nunca había tenido absolutamente nada contra la comunidad gay, tampoco había tenido siquiera cerca a nadie, ni en su familia ni entre sus amistades. Para Daichi llegar a la adolescencia había resultado una transición “normal”, los cambios hormonales y la atracción por el sexo opuesto, o al menos él encontraba bonitas a todas las chicas a su alrededor, y tenía la suficiente confianza para hablar con ellas sin ponerse nervioso.

Con Sugawara Koushi las cosas comenzaron a cambiar justo ahí, cuando la timidez y los nervios que debería de sentir al charlar con chicas lindas se mostraron al hablar con su peliplatino amigo de toda una vida. Y también aparecieron los celos cuando Sugawara charlaba con otros, cuando le sonreía a los de la clase y aceptaba acompañarles a salir por ahí a divertirse. Entonces Sawamura, recuerda bien, comenzó a presionarlo un poco más con el Club de Voleibol, inscribirse y entrenar fuerte todos los días para devolverle a Karasuno la gloria de la que gozó tiempo atrás. Sugawara se dejó arrastrar fácilmente en aquel vórtice de emociones en que Sawamura lo internó, contagiándole de su entusiasmo se convirtieron casi sin darse cuenta, junto a Asahi, en los pilares de una generación que no se rendiría en su sueño de hacer de los Cuervos de Karasuno campeones colegiales.

Envueltos en aquel deseo, a ambos adolescentes el primer año se les fue volando, habían estrechado su amistad y formado una alianza que nadie podría quebrantar. Luego, durante su segundo año, conocieron a Nishinoya y Tanaka, las cosas para el Club pintaban muy bien, eran cada vez más fuertes como equipo y la meta planteada se veía más y más clara. El entusiasmo no menguaba en absoluto. Pero entonces sucedieron muchas cosas más, la popularidad de Sugawara en la población estudiantil incrementó, chicas de todos los grados le hacían llegar cartas de amor y le entregaban galletas horneadas por mano propia, los celos de Sawamura se dispararon de nuevo, y en un arranque de ellos terminó confesándose de una forma extraña. Romántica, pero extraña.

– ¿Te enviaron otra carta?

– Sí, me han citado en la azotea. Me da un poco de pena presentarme.

– ¿Por qué?

– Porque me siento mal cada vez que rechazo a una chica. Oh, eso sonó egoísta de mi parte, no quiero decir que haya rechazado a tantas chicas o algo así.

– Seis. Hasta ahora has rechazado a seis chicas que se te han confesado.

– ¿Llevas la cuenta?

– Obviamente.

– ¿Eh?

– Como sea. Hazlo rápido y no llegues tarde a las prácticas. Me iré adelantando.

– Daichi.

– ¿Qué?

– ¿Por qué estás enojado? Sé que es un poco molesto que cosas como estas me retrasen, pero…

– ¡Estoy harto de las cartitas que te envían! ¡También del aroma a galletas recién horneados! ¡Y de los perfumes escandalosos de las niñas que tontean alrededor de ti!

– Dai…

– ¡Todas ellas deberían saber que Koushi es mío!

– ¿Eh?

Hasta ahí las expresiones frustradas y de confusión. Daichi se dio cuenta tarde de lo que había soltado sin más, de su respiración alterada y de la molestia que le corroía las entrañas. Se dio cuenta también de la mirada impactada de Sugawara, de sus ojos llorosos y de lo malditamente lindo y sexy que lucía con aquella expresión. Esa apariencia solo hacía latir como loco a su corazón, que le sudaran las manos y que no supiera dónde demonios enterrar la cabeza para esconderse. ¡Se ha confesado! O más o menos lo ha hecho.

– Daichi, qué significa eso.

Sawamura se mordió el labio inferior al tiempo que desviaba la mirada. Hombre, de qué manera el peliplatino espera que sea más claro.

– Daichi…

– Significa que me gustas.

– Bueno, sé que te gusto, hemos sido amigos por años. A mí también me gustas.

Sawamura sin embargo percibió en el tono de su voz que no estaba entendiendo el sentido de sus palabras. No estaba hablando de ese ridículo y casi asfixiante “gustar” de amigos, eso había quedado en el pasado hace mucho tiempo como para manejarlo objetivamente ahora.

– Quiero decir que me gustas como me deberían de gustar las chicas, no como amigo. Me gustas como les gustas a esas niñas tontas. No, me gustas mucho más que a ellas, porque yo te conozco, porque yo sé quién eres, sé qué te gusta y lo que detestas, sé incluso cómo respiras cuando duermes después de un agitado día de entrenamiento. Conozco el olor de tu sudor y cómo te frustras cuando no consigues hacer pases para punto durante un partido aunque sea de práctica. Me gustas, de forma que pienso en tomarte la mano y besarte, incluso mucho más que eso… – Tras soltar todas aquellas palabras Daichi miró a su amigo. Sugawara lucía bastante sorprendido y parecía incapaz del habla a causa de la impresión; y era tan tierno verle así, con las mejillas rosadas, que Daichi reafirmó una de las tantas razones por las que se enamoró de su mejor amigo… – ¡Tsk! Yo, tal vez no debí decírtelo. Yo, debe ser la cosa más rara del mundo que tu mejor amigo te diga esta clase de cosas.

– L-lo es…

Daichi desvió la mirada. Claro que lo era. ¡En qué narices estaba pensando cuando soltó todo aquello! Ah, claro. No estaba pensando. ¡Malditos celos! ¡Chiquillas tontas que lo orillaron a explotar de esta manera!

– ¿Tú… ya no seremos amigos?

– ¿Eh?... – Sugawara finalmente salió de su estado de estupefacción, procesando el significado de las palabras de su amigo… – Daichi, yo… no podría decir así nada más que ya no quiero ser tu amigo. Pero, ha sido demasiado para mí enterarme de, lo que sientes.

– Sí… – Dijo por decir, porque francamente su cerebro estaba trabado. No, es más correcto decir que su corazón estaba aterrado.

– Pero no me desagrada, sabes. De hecho, me siento feliz… – Las mejillas de Sugawara se tiñeron efusivamente de rubor… – No, no lo había pensado de esta manera antes. Pero si lo pienso, mi corazón late de prisa contigo ahora, mientras que con esas chicas de antes cada vez me sentí incómodo nada más. Yo, creo que para mí querer a Daichi es natural.

– Suga, ¿estaría bien intentarlo?

– ¿Intentarlo?

– Sí, ya que para ti es natural quererme, y que yo sé que estoy enamorado de ti. Tal vez estaría bien simplemente, salir. Ser pareja.

– Oh. Sí. ¡Sí, Daichi!

Aquella tarde se habían dado su primer beso. Demasiado corto y avergonzado como para que se les fuese a olvidar alguna vez en sus vidas. Además, habían coordinado tan mal que se habían chocado las narices espantosamente. Pero bueno, eso son solo cosas que pasan. Ah sí, Sugawara nunca llegó a la azotea y tuvo que entregar su respuesta con un simple “lo siento, estoy interesado en alguien ya” que anotó en un trozo de papel que la chica en cuestión rasgó entre lágrimas de decepción.


– Daichi… Dai~ ¡Daichi!

– Lo siento, estaba recordando algo importante.

– Qué cosa.

– Que te amo, Koushi… – El Capitán susurró al oído de su novio, haciéndole estremecer y sonrojar.

Daichi sonrió ligeramente divertido y enormemente enternecido mientras Sugawara le devolvía la sonrisa y hacía el tonto comiendo su patata dulce.

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Por otro lado y en una historia diametralmente opuesta,  Hinata y Kageyama competían por llegar al aula de clases en primer lugar, apuesta de por medio en donde el perdedor haría lo que el ganador quisiera. Kageyama casi se da de topes contra el muro cuando, para su desgracia, se supo el perdedor del momento.

– ¡Sí! ¡Más vale no echarse para atrás!

– Claro que no, Hinata idiota… – Bufó nada alegre con la resolución.

Hinata ya no dijo nada, sonrió ampliamente y con un brillito especial en los ojos, se fue directo a su asiento comenzando a charlar con un par de chicos de la clase que siempre conversaban animadamente con el pelinaranja. Además de algunas chicas que, a ojos de Kageyama, se acercaban con toda la intención de tontear con el ruidoso adolescente.

Ni cuenta se da. Realmente es un idiota ese enano. De todas maneras, por qué me molesta ver que es tan amistoso con otros. Ah, debe ser normal sentir eso cuando estás saliendo con alguien. Cómo es que le dicen.

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– Celos… – Escuchó Kageyama decir a Nishinoya cuando, casualmente, Tanaka comenzó una plática con el Libero acerca de lo que siente cuando las chicas hostigan a Asahi. Que el Libero respondiera sin siquiera pensarlo puso a Tanaka con la piel de gallina, la verdad es que era su forma de indagar lo que Hinata y Kageyama le habían dicho antes.

– ¿Celos? Bueno, está bien que ustedes dos sean muy buenos amigos y tal, que compartan muchas cosas y eso, pero, los celos entre amigos es un poco…

– ¿Un poco qué? – El Libero enarcó una ceja con finura, y se elevó en toda su altura (aunque no es mucha, claro está) colocando las manos en sus caderas. Tanaka pensó por primera vez que su amigo lucía un poco lindo de esa manera. Como un gatito enfurruñado con los pelos crispados.

– ¡No! – Tanaka exclamó a pulmón abierto cuando se dio cuenta de su propio pensamiento… – ¿Qué narices ha pasado contigo, Noya? ¿No era que estábamos enamorados de la bella Kiyoko? – Preguntó mientras lo sacudía por los hombros casi a punto de llorar de frustración. ¡Él que había pensado que serían algo así como amigos de esos que van dejando corazones rotos!

– ¿Por qué estás haciendo tanto drama tan repentinamente, Tanaka? ¡Y deja de sacudirme que me estás mareando!

– ¡Pero es que no puedes entender!

– ¿Qué eres? ¿Drama Queen?

Tanaka colapsó instantáneamente, pálido como papel, perdido en algún punto de su mente fracturada por el descubrimiento indirecto de la condición sexual del que había considerado algo así como su amigo de aventuras amorosas.

Kageyama había perdido el interés casi a media discusión. La palabra “celos” se le había clavado en el pensamiento con insistencia. La verdad es que parecía que eso era lo que podía dar respuesta a su supuesta molestia cuando otros conviven con Hinata.

Ciertamente es normal entre las parejas, ¿no? Los celos son parte de una relación estable. Pero, ¿no es un poco raro que sienta celos aún si Hinata es mi novio por conveniencia? Es decir, no es que estemos realmente enamorados.

– ¡Kageyama, date prisa y levántala! ¡Levántala para mí!

– ¡Cállate, Hinata! ¡No grites así solo porque terminaste de hacer el calentamiento!

– ¡Qué! ¡Pero si llevo todo el día ansiando este momento y lo sabes! ¡Ahora, levántala para mí, golpearé cada pelota que lances! ¡Vamos, vamos!

– ¡Tsk! Cómo podría enamorarme de un mocoso escandaloso como él.

Tanaka pasó casi toda la tarde como vil zombi, perdido en su dolor. ¿Qué? Perder a un amigo de aventuras amorosas porque resulta ser gay no es la cosa más sencilla del mundo. En serio. Para él ha sido un golpe duro, muy duro. Lo que es peor, ¡no estaba enterado!

– Oye, Noya.

– ¿Qué? Ni se te ocurra empezar otra vez con lo mismo de antes, Tanaka.

– ¿Desde cuándo estás saliendo con Asahi y por qué no me lo habías contado?

A Nishinoya se le subieron los colores al rostro, pero casi al mismo tiempo se le fueron totalmente dejándolo pálido.

– ¿C-cómo… cómo te enteraste?

– Por mera casualidad. Besarse en los vestidores del gimnasio no es precisamente discreto.

– ¡Ah, mierda! – Exclamó demasiado alto como para que otros no se dieran cuenta. Asahi incluido, el as se les quedó mirando un rato, tratando de adivinar qué se traían ahora el par de amigos… – Espera, por eso estabas haciendo lío hace rato.

– Bueno, se supone que somos amigos, pero entonces me enteré por casualidad y me sentí traicionado de varias formas. No confiaste en mí para contarme algo tan importante.

– No irá a resultar que eres homofóbico, ¿o sí?

– Claro que no.

Nishinoya suspiró. Honestamente hablar de esto justo ahora, ahí donde todavía había demasiados oídos que podían escuchar.

– No es fácil ir y contar este tipo de cosas. Pero te contaré luego, cuando sea menos, público… – Dijo mirando alrededor, aunque cada quien estaba a lo suyo terminando de guardar y limpiar, prefería evitarse problemas.

– Cuando quieras, solo tienes que recordar que soy tu amigo y ya.

El Libero le palmeó el hombro con confianza, sonriendo afirmativamente y agradeciendo que no le presione más ahora. Luego se dio media vuelta y se encontró de frente con Asahi. Los tres chicos compartieron miradas, el as parecía ligeramente celoso, molesto quizá. Tanaka tragó hondo, era la primera vez que notaba aquella mirada en su amigo.

– Todo está bien, Asahi. Vamos, no hay que retrasar a los demás vagueando solo por ser cool.

La tensión se desvaneció al instante. Más allá, en el cuarto de almacenamiento, Yamaguchi y Tsukishima terminaban de colocar ordenadamente algunos aditamentos.

– Te acompañaré a casa hoy también, Yamaguchi.

– ¿Eh? Oh, está bien, Tsukki… – El chico sonrió, aunque estaba curioso por saber la razón por la cual haría aquello de nuevo. Hacía tiempo que no le acompañaba hasta su casa, ya que Tsukishima vive a unos 10 minutos de su hogar, ir hasta allá y luego regresarse parece innecesario.

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Terminadas las prácticas con los chicos de Karasuno, Ukai volvió a su local. La tienda era atendida por su madre en su ausencia, y era tan amable que todos en el vecindario le querían y aprovechaban para ir a visitarle y charlar con ella justo cuando se hacía cargo del negocio. Al rubio le latió la venita en la sien, sospechaba que él no era precisamente querido por las señoras del barrio ya que cuando estaba él venían, hacían sus compras y se marchaban tras mosquearle un poco presionando sus mejillas como si aún fuese un crío y no un muchacho en sus 26 que, honestamente, no tiene demasiado en mente por lo que ver hacia el futuro. El negocio familiar lo era ahora todo, ni siquiera había tenido demasiado caso estudiar la Universidad cuando esto era lo que le esperaba de todas maneras.  

– ¡Ahí está mi querido Kei-chan!

– ¡Má, hasta cuándo dejarás de usar el chan para tu hijo! ¡Soy un adulto, adulto!

– Pero mírate, renegando como todo pequeño con su madre.

Las amigas de la Sra. Ukai reían y asentían a las palabras de la mujer. El rubio farfulló entre dientes pero se dejó hacer, poco importaban los mofletes sensibles cuando su madre dejase de pellizcarlos, incluso sus amigas. Era feliz, pese a la historia de su padre y su paso por Karasuno, su familia seguía siendo lo más importante de todo.

– Buenas noches… – Alguien saludó al entrar a la tienda. El rubio volteó de inmediato al reconocer la voz. Ahí estaba, Takeda-sensei con su habitual expresión afable y esa forma de hacer que todos los adultos de mediana edad a su alrededor se llenaran de una extraña alegría con solo verlo.

– Un cliente tan bello… – La Sra. Ukai se llevó las manos al pecho, contemplando descaradamente al joven de anteojos.

– Esto… – Takeda sonrió completamente avergonzado por las palabras de la mujer. Ukai se golpeó la frente, su madre siempre ha sido tan… tan… – Disculpe, no he venido como cliente, necesito hablar con Ukai-kun de algo importante.

– Vamos, pasa por aquí… – Haciendo caso omiso de las miradas inquisitivas de su madre y amigas, Ukai le indicó una puerta al lado. Takeda inclinó el rostro amablemente y disculpándose fue detrás del rubio… – Es casa de mis padres pero está bien si pasas, ¿gustas beber algo?

– No te molestes Ukai-kun, seré breve.

– Bueno, entonces te escucho.

– Esto, sé que hemos tenido campamentos de entrenamiento con el Club, pero… me preguntaba si sería posible hacer uno fuera de la escuela, donde pudieras invitar a tus amigos para compartir algo más de su experiencia. Pienso que para los chicos un entrenamiento en el que puedan sentirse apoyados por diversas personas como tú con experiencia en torneos y más, les sería de mucha ayuda para enfocarse en lo que se viene.

– ¿Siempre piensas tanto en el Club?

– ¿Eh? Pues, supongo.

– Te gusta mucho el voleibol, ¿verdad?

– Sí, pero no soy particularmente talentoso para los deportes en general, aunque cuando se trata de analizar es diferente. Me gusta mucho, sobre todo porque chicos como ellos dedican parte de sus vidas a un fin tan sano como el deporte, quiero decir es mucho mejor estar al pendiente de sus notas para que no bajen por los entrenamientos, que porque fueran chicos metiéndose en problemas de otro tipo. Ah, he hablado mucho, otra vez. Lo siento.

– Está bien, de alguna forma siempre dices cosas interesantes, con sentido. No me molesta para nada, y aprendo mucho de ti también. Tu idea suena bien, pero tienes que ocuparte de ello con la escuela y padres de familia, también iré hablando con mis amigos acerca de ello.

– Oh, ¿de verdad? ¡Gracias!

– Mh, de nada.

El rubio se rascó la nuca con nerviosismo. Comenzaba a resultarle molesto que su corazón latiera de esta manera cada que estaba junto a Takeda.

– El otro día escuché a algunos de los chicos decir que te habían confundido con un estudiante en la estación.

– Ah… – El semblante de Takeda cambió un poco, notándose avergonzado y algo incómodo… – Sí, sucede a veces.

– Ciertamente luces muy joven, ¿hace cuánto trabajas como profesor?

– Oh, siete años, más o menos.

– ¡Siete! ¿Cuántos años tienes?

– 29.

– ¡Qué! ¿En serio? Eres mi senpai entonces… – Ukai puso cara de estupefacción mezcla con molestia o algo de eso. No, quizá era vergüenza y decepción… – ¿Eh? ¿Pero de qué podría estar decepcionado?

– Bueno, es hora de que marche, aún tengo muchas cosas qué hacer antes de que sea mañana. Gracias una vez más, cuento con Ukai-kun ahora. Buenas noches.

– S-sí, nos vemos mañana en las prácticas.

--//--

Tsukishima y Yamaguchi estaban a un par de calles de llegar al hogar del segundo, la noche estaba algo fresca pero para ellos el clima estaba perfecto.

– Está muy tranquilo todo por aquí, ¿verdad?

– Sí. Ah, Tsukki, no han vuelto a molestarme desde entonces, así que no entiendo por qué te preocupas repentinamente.

– Has estado distraído últimamente, en las clases y las prácticas. Supongo que entonces simplemente eres idiota.

Yamaguchi soltó una risa más bien forzada. Ahora que lo pensaba era verdad, claro que ha estado distraído, pero no tenía nada qué ver con que lo estuvieran molestando unos holgazanes de su barrio que tiempo atrás encontraron divertido fastidiarle, robarle su dinero o usarlo de saco de boxeo cuando les venía en gana. No, desde que Tsukishima le había defendido en algunas ocasiones y que había tenido algo qué ver algo más que Yamaguchi nunca comprendió, aquellos chicos habían dejado de molestarle. Lo que no podía sin embargo explicar era la razón por la que andaba en su mundo, a veces en las nubes. Tsukishima era su amigo, y tenía que conformarse con eso aunque su corazón deseara algo más.

– Estamos aquí. Bueno, nos vemos mañana en la estación.

– Sí, adiós.

– Oh, Yamaguchi. Te seguiré acompañando de vuelta todos los días, no te consigas novia ni nada.

– ¿Eh?

--//--

– Aquí se divide nuestro camino, asegúrate de descansar y dormir bien, mañana seré más duro contigo en el entrenamiento, Hinata.

– ¡Espera! Qué hay de nuestra apuesta.

Kageyama chasqueó la lengua, la verdad es que había esperado que se olvidara de eso. Hinata seguía con ese brillito en los ojos que le crispaba los nervios.

– Un beso.

– ¡Ah!

– Vamos, estamos saliendo y tal, pero no nos hemos besado, Kageyama.

– Pero tú eres idiota, estamos en la calle.

– No hay nadie por aquí… – El pelinaranja dijo con algo parecido a un puchero en los labios. Kageyama maldijo internamente, su corazón estaba latiendo como potro desbocado ante la expectativa de besar esa boca… – Dijiste que el perdedor haría lo que el ganador quisiera. Pues quiero que nos besemos.

– Sí, ya entendí… – El peliazabache carraspeó irguiéndose en toda su altura.

– Inclínate… – Hinata exigió, recibiendo a cambio una mirada desaprobatoria… – Estás muy alto, cómo vamos a besarnos si ni siquiera nos alcanzamos, Bakayama.

– Enano.

– ¡No te burles de mí, idiota!

– Por qué no te callas de una vez, cómo voy a besarte si sigues parloteando tan ruidosamente.

Hinata selló los labios al instante, quedándose quietito en su lugar. Estar frente a frente no comenzaba a parecerle la mejor de las ideas –y no es que él pueda enorgullecerse de tener muchas grandes ideas en realidad, casi siempre parecía que caía por su propia lengua–. Kageyama dio un paso más para quedar lo suficientemente cerca, luego admitió que la diferencia de estaturas era un poco problemático para esto de los besos.

Cómo es que hacen Noya-san y Asahi-san. Bueno, aquél día Noya-san estaba sentado en un banquillo y Asahi-san de rodillas frente a él. No creo que esa sea una buena idea con Hinata ahora.

Kageyama pensaba, demasiado concentrado en ello que Hinata se lo tomó más bien como si solo estuviera evadiendo la situación, y eso realmente le estaba molestando.

– Si vas a echarte para atr…

Sí, las palabras carecían de sentido y además estorbaban. Kageyama finalmente se inclinó topando sus labios con los de Hinata, en parte para callarle, pero sobre todo para darle eso que con algo de insistencia le había pedido. Tener sus bocas pegadas era extraño, y no tenía una sensación particularmente emocionante, pero tampoco desagradable. Kageyama tuvo tiempo de percatarse de lo suaves que eran los labios de Hinata, y lo bien que parecían calzar con los suyos. Pero aunque hubiesen querido hacer algo más con ese beso, ninguno tenía idea y estaban, honestamente, yendo por los senderos más complejos en esto del romance. Separarse era la única cosa que tenían para hacer.

– No ha sido tan malo.

– ¿Tan, malo? – A Kageyama le comenzó a latir la venita de la sien. Hinata asintió, y ciertamente se le veía algo decepcionado.

– Todo el día, incluso anoche, estuve pensando en cómo sería besar. Esperaba que fuera más, emocionante o algo.

– ¡Enano idiota!
--//--

Cuando Sugawara se desvaneció de la nada, Daichi supo que nada iba exactamente bien con la salud de su novio.
Continuará…