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miércoles, 28 de marzo de 2018

Cold Night Crowned With Stars. Oneshot Victuuri.


Título: COLD NIGHT CROWNED WITH STARS
Autora: Felina
Pareja: Victuuri
Género: Romance. Mpreg (implícito)
Clasificación: NC-17/Lemon


COLD NIGHT CROWNED WITH STARS
~*~

El paisaje era hermoso. Enclavado en un valle montañoso, el destino de la pareja de patinadores. Una cálida cabaña apostada a la orilla de un lago congelado, con montañas nevadas rodeándola cual centinelas confiables y un bosque de pinos que daba ese toque a vida.

Katsuki abrió desmesuradamente los ojos cuando vislumbró el lugar a la distancia, arribando desde un camino colina arriba a un kilómetro de ahí. Han llegado ahí en un auto especial para nieve, y de todas formas hay un pueblo a un par de kilómetros por lo que el ruso no tiene preocupación particular por lo aislado de ese lugar. Después de todo, es la idea, ahí es a donde iba cuando quería despejarse de absolutamente todo. Por su parte, Katsuki nunca había visto un lugar tan bonito, aunque Japón tiene sitios de ensueño, y ha conocido otros lugares gracias a sus viajes por el patinaje artístico, este era sencillamente diferente, quizá por el solo hecho de estar ahí con su prometido. La panorámica era tan paradisiaca que no resistió la tentación de hacer unas fotografías con la cámara digital que Nikiforov le había regalado antes del viaje.

lunes, 16 de octubre de 2017

GLINGAL. Parte 6. Crossover TVXQ/JYJ & YOI



Había, en esos momentos, una niebla cubriendo su pensamiento. La sensación que le dejaba no era, sin embargo, mala. Miedo, ansiedad o desolación, estaban lejos de ser lo que experimentaba. Esa niebla en su pensamiento parecía sosegar cualquier otra emoción, y le daba la tranquilidad que necesitaba para caminar por el oscuro sendero dentro del Primer Palacio. Podía escuchar bajo sus pies piedrecillas, ocasionalmente notaba el crujir de corteza, madera o tierra suelta, quizá incluso carbón pues flotaba en al ambiente cierto olor a hollín y no venía de la antorcha encendida que apenas en algo iluminaba el estrecho sendero.

martes, 12 de septiembre de 2017

GLINGAL. Parte 5. Crossover TVXQ/JYJ & YOI



~*~

Ni bien los lobos escucharon la frase “pensamientos prohibidos” titubearon de ser capaces en tal caso de obtener los favores de Ardamírë, ya que desde que conocieron a los elfos y wilwarin sus mentes han estado plagadas de deseo y mucho han debido poner de su parte para controlarse. A pesar de todo, Nikiforov es quien llevaba ventaja en autocontrol, mientras que Jung y Park habían ido considerablemente lejos con los elfos.

— Está bien, nosotros nos encargaremos de Ardamírë, y confiaremos a ustedes derrocar al Nigromante. — Mokomichi habló. Ignorando deliberadamente la preocupación de los anfauglir.

— Tengan cuidado, Ardamírë es engañosa.

— ¿No lo son todas las joyas creadas por los elfos?

domingo, 27 de agosto de 2017

GLINGAL. Parte 4. Crossover TVXQ/JYJ/YOI.



Más, sin embargo, decidiendo que era mejor hablar con honestidad una vez llegaran a sus tierras. En Cirith Ninniach la magia del Glingal también sería más estable, y probablemente con el poder de los reyes, aceptaría abandonar el cuerpo del joven Altin. Porque es así, el Glingal ha penetrado en Altin, afianzándose a su corazón tras salvarle en aquella tienda de antigüedades en Alqualondë, evitando así caer, por defecto, en manos de un Nigromante. El Glingal es, después de todo, sabiduría también. Y tiene cierta inclinación mágica para autoprotegerse siempre que hay alrededor un alma pura. Como lo fue la de Otabek Altin en aquella ocasión, uniendo sus destinos sin que el muchacho se diera cuenta.

Emeldir siguió el camino sin mirar atrás, Plisetski miraba de tanto en tanto a los lados y detrás, buscando a los demás y preguntándose cuándo la Reina mencionaría esperarlos. Pero, cuando montaron en un bote y la reina no mencionó una sola palabra, el adolescente supo que no podía contenerse mucho más.

— Disculpe, ¿y los otros? No podemos irnos sin ellos.

jueves, 17 de agosto de 2017

FEELING. YuuVic. Oneshot.



Escribí este intento de drabble que más bien quedó como oneshot, aunque corto (?) para Abby, una fiel amante del Victuuri *-* es el primer intento de Yuuri activo ;D lo digo por si a alguien no le va verlo en el rol dominante (?)

YuuVic
~*~

Nikiforov era de esos hombres que entendía perfectamente cómo debía funcionar una relación romántica como la que ha estado manteniendo con Katsuki desde hace al menos cinco meses. Sabe, que la otra parte es justamente un hombre también, y que como tal, hay ciertos deseos y necesidades que no pueden suprimirse. Para él, tal cosa como dominar o ser dominado “en la cama” no tenían fundamente alguno, se enamoró de un hombre y como tal suele tratarle. Aunque a veces la personalidad de su novio le daba tal ternura que solo quería tratarlo con delicadeza y acariciarlo con pétalos de rosa. ¡Que! Bueno, no podía evitarlo tampoco. 

GLINGAL. Parte 3. Crossover TVXQ/JYJ/YOI



Sin embargo, antes de que terminasen de bajar las escaleras, el primogénito elfo entró al palacio.

— Madre, un demonio-espectro estuvo aquí, siguiendo mis pasos sin que lo sintiera. — El príncipe de cabellos negros mostró los ropajes, lanzándolos al fino piso de la entrada.

Jung, que todavía no tenía idea de qué era aquello que había atacado, tenía una ligera quemadura en su mano, consecuencia de su rápido enfrentamiento con el demonio-espectro. Incluso si entonces sus poderosas garras se habían encargado del demonio, cuando volvió por completo a su forma humana, aquella herida en la parte interna de sus manos estaba ahí. Pero no lo ha mencionado, por lo que el bello elfo no estaba enterado. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Oneshot Victuuri. Like the First Time.



Autora: Felina
Pareja: Victuuri
Anime: Yuri!! on Ice.
Clasificación: NC-18
LIKE THE FIRST TIME
~*~
VíctorxYuuri


Katsuki no es uno de esos muchachos que, a sus 24 de edad, se muestre demasiado confiado con ciertas necesidades de su cuerpo. Vamos, que para ponerlo en términos adecuados, no se masturba a menudo para desfogar las calenturas hormonales de su cuerpo. No lo hace por, principalmente, dos razones. 1, vergüenza. 2, familia. Hombre, que en casa era sencillamente imposible tener suficiente privacidad. E incluso durante sus años en Detroit, con su amigo Phichit aquello todavía era demasiado complicado de lograr, aunque su tailandés compañero era un tanto desinhibido con el tema y solía insinuar dejarle a solas en el dormitorio para que se encargara de "lo suyo".

miércoles, 10 de mayo de 2017

GLINGAL. Parte 2. Crossover TVXQ/JYJ&YOI



Estos demonios son llamados Lammoth, poco más que sombras espectrales que han escapado de Drengist, una ciudad ubicada en el extremo sur de Endor, en cuyo interior, se dice, hay un pasaje que conecta con las entrañas de Endor, donde lava, fuego y azufre se combinan para dar vida a estos demonios. Cuyas existencias se alimentaban de los lamentos de todos los seres vivientes que pisan sobre la tierra. Eso, por supuesto, era mucho más de lo que podía imaginarse cualquier ser humano común y corriente. De alguna manera, los lammoth eran la contraparte de los elfos. Criaturas malignas, profundamente malévolas, porque en sí, solo eran los ecos del dolor en Endor. Y por tanto, su magia era terriblemente oscura.

domingo, 23 de abril de 2017

AFTER BANQUET (Oneshot Victuuri)



Título: AFTER BANQUET
Autora: Felina
Pareja: Victuuri
Género: Romance.
Clasificación: NC-17/Lemon

AFTER BANQUET
~*~


Incluso tras volver al Hotel y dejar a Yuuri dormir tranquilamente (luego de haberle robado algunos besos y conseguir mantenerse solo en ello aunque quería mucho más de su joven prometido), Víctor seguía pensando en cómo era posible que el japonés haya olvidado lo que pasó el año anterior. Es decir, no había sido algo tan simple como lo que mostraban los videos y fotografías. No había sido solo el baile, las risas y la sensualidad que tan repentinamente desbordó por doquier. Ni siquiera es solo el hecho de que le pidió fuese a Hasetsu y se convirtiera en su entrenador, o cómo lo hizo; es decir, Víctor no es de piedra, es un hombre sano capaz de reaccionar, particularmente si el chico en cuestión se había restregado contra él con absoluta soltura y semidesnudo, con esa linda expresión en su rostro que consiguió lo que solo el esfuerzo y la emoción sobre una pista de hielo, sonrojarle.

— Gracias al cielo no es que te guste beber a menudo, Yuuri. — Dijo en voz baja, mirando a su prometido descansar, tan pacíficamente acostado en su cama, con esos suaves ronquiditos escapando de sus labios y el anillo a la vista, con esa apacible expresión que torturaba el nada sereno pensamiento del ruso. — Yuuri, tú en verdad no eres nada consciente de ti mismo.

Riendo quedito, el ruso finalmente se metió bajo las mantas en su cama. Pocos centímetros separaban ambas, pero todavía había espacio suficiente entre ellas para saber que no estaban teniendo intimidad. Aunque no era que Víctor no quisiera. De hecho, se moría por hacer más que besar a su novio –ok, prometido ahora–, pero Yuuri todavía conseguía avergonzarse de sobremanera cuando le miraba intensamente o le insinuaba alguna caricia confiada.

— Pero hace un año, definitivamente hicimos más que besarnos. Y no fuiste para nada tímido, Yuuri. Fuiste tan erótico~.

…Flashback…

El entrenador Celestino comenzó a sentir un poco de vergüenza por el espectáculo que su pupilo Yuuri estaba dando. Aunque en realidad tenía rato haciendo cosas vergonzosas, que se le colgara al popular patinador Nikiforov de aquella forma, no podía dejarlo pasar.

— ¡Yuuri, vamos! Tienes que descansar.

— ¿Eh? ¡Pero no quiero~! ¡Tengo una competencia que ganar, Celestino~! — Respingó con la lengua trabada, con esa sonrisa boba en la cara, roja por el licor y el calor, sudoroso. Colgado todavía del cuello del ruso.

Celestino suspiró, se golpeó la frente y trató de sacarlo de encima del ruso. Obviamente, Yuuri no estaba cooperando.

— ¡Yuuri, estás molestando a Víctor!

Nikiforov, que tenía rato solo mirando, finalmente intervino.

— Está bien, no me molesta. — Dijo, sonriendo suavemente al japonés. Notando que su corazón dio otro pálpito cuando el muchacho le regresó una sonrisa. Boba pero linda. Una extraña combinación, sobre todo en un chico. — Yuuri, ¿qué tal un descanso?

— ¿¡Eh!? ¿Quieres deshacerte de mí? En verdad te estoy molestando, ¿cierto, Víctor~? — Arrastrando la lengua, tambaleándose y con ojos lacrimosos, el japonés le soltó, dio un paso atrás y gimoteó, logrando que las miradas siguieran sobre ellos. — ¡Víctor malo~!

— ¡Yuuri! ¡Es suficiente! Vamos, te llevaré a tu habitación. — Celestino dijo, tomándole el brazo y dispuesto a sacar a su pupilo de ahí.

— ¡Descuide, me encargaré! — Víctor dijo, levantando la voz más de lo esperado, incluso para él mismo. Alargando una mano sujetó el brazo del japonés, tirando de él y abrazándole, separándole de su entrenador. — Le llevaré personalmente a su habitación.

Chris y Yuri se sorprendieron al verle reaccionar así. Sobre todo su amigo Chris, pues conociendo al ruso como lo hace, le parece sumamente raro que muestre este tipo de interés por otra persona, particularmente un chico ebrio al que acaba de conocer.

— Oh, bien. Como quieras, Víctor. — Celestino le entregó la tarjeta electrónica e indicó el número de habitación donde su pupilo se estaba quedando.

Víctor llevó entonces fuera del salón a Yuuri, seguido de cerca por Chris. Aunque el apuesto suizo de ojos verdes iba solo para evitar que se generaran rumores extraños. Ya en el elevador, Yuuri iba medio dormido, apoyado en el pecho de Víctor continuaba murmurando, incoherencias al menos.

— ¿Qué piensas hacer con Yuuri, Víctor?

— Nada de lo que estás pensando, Chris. Solo voy a llevarlo a su habitación, le meteré en la ducha, luego a la cama y cuando me haya asegurado de que no se ahogará con su respiración, volveré a mi habitación.

— Oh, en serio.

— ¡En serio!

Chris de todas formas le sonrió pícaro, palmeó su hombro y volvió sobre sus pasos una vez vio a Víctor entrar en la habitación con Yuuri.

— Bueno, va medio dormido, tal vez realmente no pase nada entre esos dos. — El suizo sacó su móvil y envió un texto. — Por mi parte, sí que quiero hacer algo con mi novio.

En la habitación de Katsuki, cuando Víctor consiguió sentarle en la cama, e hizo el amago de alejarse, la mano del japonés le tomó por la corbata, tirando con fuerza y haciéndole caer sobre él. La inercia del movimiento hizo ir hacia atrás a Katsuki, por lo que la postura fue por demás comprometedora para Nikiforov.

— ¿Eh? Yuuri — Jadeó. Y es que ha sentido contra su vientre la excitación del japonés.

— Víctor~ ¡me gustas tanto~! — Exclamó, con las mejillas coloradas y el aliento a licor.

— Yuuri, esp… — Tarde intentó alejarse.

Porque los labios de Katsuki se habían estampado contra los suyos, dándole un beso por demás torpe. Como si fuera la primera vez que el japonés lo hiciera. Lejos estaba de saber que todo lo que sucedería esa noche, era en verdad “la primera vez” para Yuuri.

— Víctor~. — Suspirando su nombre con voz trabada, el japonés comenzó a tironear de su corbata, deseando sacársela. Junto a toda la ropa de ser posible.

Sus sentidos están embotados por el licor, su cuerpo demasiado caliente, su corazón latiendo a toda prisa, su entrepierna palpitando un deseo que ni siquiera conocía. Nikiforov, que había caído en el extraño encanto del japonés, no estaba poniendo ni pizca de resistencia. Su corbata, su camiseta y el cinto de sus pantalones terminaron en el piso o a un lado de la cama, no está seguro dónde. Katsuki, que ya estaba en ropa interior desde antes, suspiró cuando las manos de su idolatrado Víctor se colaron entre los botones mal asegurados de su camisa, estremeciéndole y arrancándole más suspiros. No, jadeos, suaves gemidos que nunca había escuchado en su voz.

— Ng, Víctor~. — De pronto sintió algo húmedo paseándose por su vientre. Algo que le hizo estremecer y sentir más caliente a ser posible. Algo, que le hizo sentir un dejo de miedo y un montón de expectación. Aunque sus aturdidos sentidos apenas le diesen espacio para saber que respiraba.

Nikiforov no ha podido evitarlo, y su lengua ha ido por la piel de Katsuki, lamiéndole con gusto mientras sus dedos alcanzan un montecito más al norte. Tan atraído por un chico, ebrio además. Que se desconocía a sí mismo. Era la primera vez que era seducido de esta manera.

— Víctor~. Víctor~.

Casi parecía que Katsuki no podía hacer otra cosa más que suspirar su nombre, temblar y sentirse más y más caliente. Los sitios donde era tocado, aquellos en los que deseaba ese toque. Revolvió las piernas y alzó, inconscientemente, su cadera, buscando quizá otro tipo de contacto, otro roce. Su entrepierna se friccionó contra el vientre de Nikiforov.

— Ngh~ Víctor~.

El ruso levantó la mirada, sonriendo al saberle tan impaciente. Le miró sonrojado, sudoroso, con los labios entreabiertos, el pecho subiendo y bajando al ritmo de su errática respiración, la mirada brillosa. Excitado, anhelante. Sintió entonces una punzada en su entrepierna. El bulto bajo sus pantalones comenzó a ser más que evidente.

— La corbata es ridículamente linda en ti, Yuuri. — Dijo, sonriendo al percatarse de sus palabras.

— ¿Eh? — Katsuki murmuró desorientado. Pero todavía con sus ojos perdidos en la atractiva figura de su amado Víctor, que a contraluz se veía sencillamente perfecto de pies a cabeza. — Es la primera vez que sueño así~. — Susurró, tan quedito y trabado, que el ruso no alcanzó a entenderle.

De todas formas, la corbata atada en su frente desapareció mientras Víctor, tras inclinarse, le besaba. Diferente, más húmedo y profundo, explorando el interior de su boca con su lengua. De pronto los anteojos de Yuuri estorbaban (y estaban demasiado empañados), por lo que también fueron abandonados en la mesa de noche junto a la cama; en tanto los personajes principales de este clandestino encuentro desordenaba un poco más las mantas e intercambiaba besos por demás apasionados.

— Yuuri, quiero hacer tanto contigo.

Nikiforov dijo, casi inconsciente de sus propias palabras y deseos. Le estaba costando mucho pensar con claridad, este joven patinador japonés ha puesto su mundo de cabeza y golpeado directamente su corazón.

— Víctor~ caliente~. — Jadeó, tocándose el vientre desnudo con la siniestra, deslizándola sutilmente hasta el borde de sus bóxers, tanteando con las yemas de sus dedos ahí.

La mirada vidriosa y desesperada del japonés estremeció de pies a cabeza al ruso, generándole un sentimiento de anhelo completamente desconocido para él, casi sentía que vivía de nuevo. No, que realmente comenzaba a vivir ahí. Seducido por la inocencia de un chico, honestamente, más bien desconocido y extraño. Pero tan familiar, como si el destino ya hubiese cruzado sus caminos desde mucho antes. Como si un hilo rojo los atara.

— Yuuri, ¿quieres que te toque aquí? — Preguntó con tono suave, pero algo áspero y entrecortado. Su propia excitación era evidente.

Aún así, su mano se paseó sugerentemente por los muslos del japonés, tanteando su pelvis, pasando saliva al darse cuenta de que estaba a punto de acariciar tan íntimamente a un chico. Bien, podía decirse lo que fuese de él, pero no era como si tuviera particular experiencia en el sexo gay. Aunque su amigo Chris lo hubiese sugerido.

— Víctor. — Katsuki suspiró, y fue suficiente para que Nikiforov centrara nuevamente todos sus sentidos en él.

Verle tan perdido en las sensaciones era algo novedoso para el ruso, porque cada movimiento, cada mirada, cada suspiro y palabra que externaba le parecía hermoso, puro y honesto. Era como una fuente de sorpresas y sensaciones de dicha, de deseo, de placer. Nikiforov comprendió que de ninguna manera podría dejar escapar esta oportunidad, porque probablemente nunca conocería a una persona más preciosa que Katsuki, y tenía enormes ganas de quedársele grabado en la piel, de conocerse y hacer vida junto a él.

— Víctor~. — Suspiró de nuevo. Aunque había entonces en su tono un toque de curiosidad, cual si se hubiese percatado de la repentina quietud del ruso.

— Te haré sentir bien, Yuuri. — Murmuró, inclinándose por un nuevo beso. Atrapando con gentileza los labios de Katsuki, en tanto su mano derecha se deslizaba decidida por la ingle del japonés.

La ropa interior resultaba molestaba para el ruso, así que con suavidad la sacó del cuerpo ajeno. Katsuki se dejó hacer, apenas mirándole con los brillantes ojos castaños bañados de vergüenza y excitación a partes iguales. Nikiforov no sabía exactamente cómo, pero quería tratarle como si fuera algo preciado para él, así que besarle y acariciarle con cuidado era su única forma de expresarle ese cuidado. Cariño, algo más profundo, quizá.

— Ng~. — Katsuki arqueó la espalda cuando sintió por primera vez los dedos de su adorado Víctor tocándole ahí.

Los dígitos se deslizaron con parsimonia a lo largo del erecto miembro, acariciando la punta con delicadeza. Repitiendo esos movimientos varias ocasiones mientras se besaban y se llevaba en cada uno de esos besos, los queditos gemidos del japonés, hasta que no pudo contener el ronco vibrato en su garganta cuando arropó con su mano el falo de Katsuki y él respondió arqueándose un poco más al tiempo en que le besa de una forma tan sugerentemente caliente que él perdió noción de más nada que ese dulce muchacho derritiéndose bajo su toque. Y es que de pronto le había sujetado el rostro con sus manos, metiendo la lengua en su boca y agitando suavemente las caderas, buscando quizá más contacto con él.

Tras romper el beso, y dejar un hilillo de saliva tensarse hasta el quiebre, Nikiforov desvió su mirada al sur, donde su mano bombeaba el falo de Katsuki. Era bonito, a falta de otra palabra. No tenía demasiado vello salvo en la base, y con la punta enrojecida como en ese momento, lucía simplemente bonito.

— Víctor~. — Katsuki suspiró, por enésima vez, su nombre.

La diferencia en ése momento fue la mano del japonés, buscando la erección de su amado Nikiforov bajo la ropa interior de éste. Cuando los dedos del japonés rozaron inconscientemente el bulto bajo la prenda, Nikiforov sintió un pinchazo de placer en el bajo vientre. Y quedó al desnudo junto a un Katsuki que le tocaba inexperto pero concentrado. Imitando los movimientos que el ruso hacía sobre su propia erección.

— Yuuri, ven aquí. — Indicó, tras apartarse y sentarse sobre el colchón.

Luego, Katsuki terminó sentado en el hueco que quedó entre las piernas cruzadas de Nikiforov. De esa manera tocarse mutuamente era mucho más fácil. Y besarse también. Una y otra, y otra vez. Las que fuesen necesarias para satisfacer esa necesidad de darse cariño, placer. De darse ese algo más que no terminaba por tomar forma o nombre en sus mentes, pero que era bastante clara en sus corazones.

— ¿Te gusta así, Yuuri?

Incapaz de encontrar voz en su garganta, Katsuki asintió, jadeando caliente cuando los movimientos de Nikiforov aumentaron, imitándole al instante aunque él se sintiese un poco aturdido y torpe, en desventaja por el placer que estaba sacudiendo su cuerpo de pies a cabeza.

— ¿Vas a terminar, Yuuri?

— S-sí~. Víctor~ siento raro~.

— Está bien, solo córrete, Yuuri. Está bien que lo disfrutes.

Un poco después, Katsuki sufrió los espasmos de un orgasmo. Probablemente el primero de toda su vida. Si bien ha llegado a masturbarse y alcanzado el éxtasis en aquellos momentos de natural exploración y satisfacción sexual, jamás había experimentado un placer como éste. Su frente cayó sobre el hombro izquierdo del ruso, respirando agitadamente, demasiado febril y tembloroso como para saber qué pasaba a su alrededor. Su mano, sin embargo, se mantenía alrededor del todavía erecto miembro de Nikiforov; quien, casi sin dar crédito a lo sucedido, sentía la caliente semilla del japonés en su mano, donde había quedado casi todo el residuo blanquecino.

— Yuuri. — Le llamó, acariciándole con la mano libre el cabello, como si solo quisiera que supiera que estaba ahí junto a él.

Katsuki levantó el rostro unos segundos después, uniendo su mirada a la verde azulina de Nikiforov.

— Lo siento, tú aún…

— Estoy bien, Yuuri.

Katsuki agitó la cabeza de un lado a otro, mientras su mano comenzaba a bombear nuevamente la erección de Nikiforov. El pelo revuelto del japonés, su dulce y brillante su mirada, su honesto deseo de dar lo que ha recibido. De llevarle al orgasmo, de hacerle sentir tan dichoso como él. Todo le parecía al ruso como sacado de ensueño, que una persona tan pura y cristalina se hubiera aparecido en su vida, era irreal.

— Ng.

— ¿Lo hago bien, Víctor?

— Perfecto, Yuuri.

Besándose despacio, el bombeo de Katsuki aumentó, y luego casi sin que ninguno se diese cuenta, la mano de Nikiforov le acompañó. Besos húmedos, bombeo precioso. El ruso se corrió no mucho después, manchando la mano del japonés y la propia mientras despegaban sus labios del infinito beso de la noche.

— ¡Wow! Increíble, Yuuri.

— Víctor~.

Retomar los besos, las caricias, las miradas cariñosas y confiadas, cómplices de un sentimiento dormido que latía presuroso contra sus corazones. Querer ir más lejos. Nikiforov está consciente, Katsuki se deja llevar.

De pronto está de rodillas sobre la cama, el trasero alzado, la espalda inclinada, el rostro enterrada en almohadones. Nikiforov lame entre sus nalgas el cerrado orificio anal. Katsuki está avergonzado, pero sumamente excitado como para detenerle de lo que fuese que está haciendo.

Masajeando con el pulgar de la siniestra, el ruso buscó en la habitación algo más que le pudiera servir de lubricante, estiró el cuerpo y echó una mirada en el cajón de la mesa de noche. Era increíble, pero había condones y una botellita de lubricante vaginal.

— ¿Víctor?

— Esto será incómodo, si duele mucho dime, Yuuri.

— ¿Eh? — Katsuki no recibió respuesta. Pero sintió algo húmedo y frío caer entre sus nalgas, y luego algo presionar contra su cavidad. — ¡Ngh!

— Lo siento, Yuuri. ¿Duele mucho?

— Sí~ duele~. Víctor~. — Gimoteó, apretando las mantas con sus manos, respirando agitado.

— Está bien, me detendr…

— ¡No~! Si-sigue, puedo soportarlo.

— Yuuri…

— Por favor~ Víctor.

Nikiforov asintió, y retomó la labor. Dilatarle con cuidado, evitarle al máximo el dolor. Aunque era una tarea casi imposible. Le tomó minutos conseguir que un primer dígito resbalara con suavidad dentro, pero cuando añadió un segundo intruso, Katsuki tembló inquieto y unas lágrimas cayeron de sus pestañas.

— Yuuri, mira aquí. — Inclinado sobre el cuerpo de su amante, el ruso le dijo.

El rostro del japonés viró, y los labios del ruso cayeron de inmediato sobre sus mejillas, besando y bebiendo sus lágrimas.

— Respira profundo, relaja los músculos de tu pelvis. Confía en mí, Yuuri.

Katsuki asintió, e intentó seguir las palabras del ruso. Minutos más tarde se dio cuenta de que no dolía más, y de que los dedos de Nikiforov entraban y salían sin demasiada resistencia.

— Víctor~. Sigue~.

El ruso le besó la espalda, un camino de tiernos besos dejó a lo largo de su espina dorsal, succionando un trozo de piel en la nuca, dejando una marca ahí.

Aún se siente estrecho alrededor de mis dedos, pero no creo que pueda dilatarle más que esto. — Pensó con un dejo de preocupación. Apartando sus dígitos y colocándose un condón. — Yuuri, gírate hacia mí.

Katsuki se tiró de espalda al colchón, mirándole con ojos lacrimosos y las mejillas arreboladas de carmín. Nikiforov coló una almohada debajo de su cadera, y se acomodó entre sus piernas perfilando su pene en la dilatada, húmeda y caliente cavidad del japonés.

— Mírame, Yuuri. Puedes aferrarte a mí, arañarme o morderme. Voy a recibir todo de ti con gusto.

— Víctor.

Cuando Nikiforov comenzó a empujar su pelvis y penetrar el cuerpo de Katsuki, éste respondió aferrándose (en efecto) a su espalda, ahogando un gemido incómodo, cerrando los ojos con fuerza y conteniendo inconscientemente la respiración.

— Respira Yuuri, respira profundo. — Le susurró al oído, consciente de que ha entrado casi por completo y de que debe dolerle muchísimo.

— Bésame, Victor.

Obedecer y besarle. Como si la vida le dependiese de ello, como si el perdón viniera con cada gramo de oxígeno que le roba entre besos. Y le acaricia también, quieto en su interior, aguantando las ganas de moverse, de empujar dentro y salir despacio. De hacerle el amor.

El amor. — Piensa, casi sintiéndose tomado por sorpresa ante su propio pensamiento.

— Estoy bien, Víctor. Quiero sentirte más. — Murmura mirándole a los ojos, besándole el mentón y sonriendo tiernamente.

Y Nikiforov corrobora una vez más, que Yuuri es la persona más hermosa y cristalina que pudo conocer, y se siente terriblemente afortunado de tenerle ahí. De ser él quien le tome de esta manera aunque haya todavía mucho, mucho por conocerse.

Y es así que comienza a embestir, primero con suavidad, con ternura, con cariño. Lentamente siendo un poco más apasionado, más fogoso. Acariciando la erección de Katsuki de tanto en tanto, o apretándose contra su cuerpo de manera que se friccione entre sus vientres mientras le besa profundo y penetra de la misma forma en él.

— ¡Ngh~! ¡Víctor~! ¡Ng~!

— ¡Mhh, Yuuri! ¡Yuuri!


Cuando el alba despuntó y Celestino vino a buscarle a la habitación, Katsuki tenía dolor de cabeza y la sensación de que algo había cambiado significativamente en él la noche anterior.

— Es hora de irnos, Yuuri.

— S-sí. — Cuando Katsuki se levantó, tenía un extraño dolor en la espalda baja. Pero de alguna forma se sentía más ligero y menos deprimido. — Ah, debí perder mi oportunidad anoche, quería hablar con Víctor. — Dijo para sí, tras haberse cambiado de ropa y asegurarse de que todo estuviera en su maleta.

Después de todo, era momento de continuar con su vida. Y volver a la realidad.


Nikiforov estuvo sorprendido cuando tras llamarle en el aeropuerto, Katsuki le dio la espalda, alejándose como si todo lo sucedido antes no hubiera existido.

— Oh, supongo que algo como “olvidarlo por la borrachera” existe.


¿Era eso algo como el destino? Tal vez, Nikiforov no estaba seguro, pero tras ver el patinaje de Katsuki imitando uno de sus programas, él comprendió que era suficiente de hacerse él mismo el tonto. Se había enamorado de ese chico meses atrás, y era ahora su oportunidad de enamorarle también.

— Bueno, Japón es un país bonito. Y la persona más hermosa de mi mundo está ahí. Así que, Makkachin, ¡hay que viajar!

El resto de la historia, es más conocida.


FIN


Tenía este shot a medias creo que desde el año pasado, pero apenas hubo inspiración para terminarlo. 
Espero les guste~ 

Ya Ne! ;D 

domingo, 2 de abril de 2017

GLINGAL (Crossover) Miniserial Parte 1



Titulo: GLINGAL -LLAMA COLGANTE-
Autora: Felina
Parejas: YooSu, YunJae, HayaMin, Victuuri, OtaYuri.
Crossover TVXQ&Yuri!! on Ice
Género: Fantasía, Romance.
Advertencia: Mpreg
Clasificación: NC-18
Extensión: Miniserial
Retoma elementos de las obras de J.R.R. Tolkien.

Para su conocimiento básico…

Wilwarin. Considerados hombres capaces de invocar poderes mágicos que vienen de los cinco elementos. Pueden dominar el agua, la tierra, el fuego y el viento, y por ende, algunos con el entrenamiento adecuado, se comunican con los animales y tienen cierto dominio sobre las bondades de árboles y plantas.
Anfauglir. Lobos de gran tamaño que poseen la habilidad mágica de cobrar forma humana. Empero, poderosos, más fuertes, con sentidos naturalmente superiores a un hombre común.
Elfo. Seres prácticamente inmortales. De una hermosura inigualable, valientes, de gran sabiduría y poder. Superan a los wilwarin pero no sobreviven muchos de ellos en Endor.


~~*~~

Endor, tierra en la que coexiste criaturas míticas y seres denominados en un solo nombre: mortales. Endor mantiene un equilibrio natural sobrevenido entre guerras y disputas territoriales. Cinco son sus principales ciudades, coronadas por fantásticos palacios o terroríficas murallas de fuego, metal y piedra. Estas son:

**Alqualondë, el Puerto de los Cisnes; se dice que aquí nacen los Wilwarin más  poderosos de Endor.

**Carcharoth. Fauces Rojas. Región al sur de Endor. Se le conoce como una ciudad calurosa, de un eterno verano, los Anfauglir nacen en estas tierras, pero no despiertan su naturaleza hasta que conocen el sabor de la sangre.

**Cirith Ninniach. Grieta del arcoíris. Se conecta con el mar occidental, pocos conocen su paso, y aún menos son capaces de pasar a través de él. Se dice que solo los Elfos habitan estas tierras imperecederas.

**Echorianth. Las Montañas Circundantes. Las llanuras a su alrededor poseen una riqueza mágica sin precedentes. Antiguos textos en la Biblioteca de Dorthonion –La Tierra de los Pinos– sugieren que la vida en Endor comenzó en éstas tierras orientales.

**Tintallë. Dama de las Estrellas. Aún en la Biblioteca de Dorthorion, pocos, casi inexistentes, son los textos que hablan de la historia de esta hermosa ciudad al centro de Endor.

~*~
Alqualondë

El Puerto de los Cisnes era probablemente una de las ciudades portuarias más hermosas y dinámicas de todo Endor. Las embarcaciones que visitaban Alqualondë no venían solo por comercio, el disfrute del paisaje ameritaba un gran número de viajes turísticos. Aunque no todos sus habitantes eran particularmente amables o cálidos ante las visitas, el turismo seguía aumentando año con año.

El graznido de las gaviotas y los sonidos de otras aves que rondan el océano planeaban en los azules cielos del Puerto, mientras esponjosas y pulcras nubes moteaban lo alto, bañadas por un atractivo sol primaveral que llevaba su luz dorada a cada rincón de la ciudad. Más al norte, en las costas privilegiadas del Palacio Eressëa, morada de uno de los linajes más prestigiosos del Puerto de los Cisnes, el lago Nunduinë desembocaba en la bahía marítima, y era adornado por cisnes de diversas especies. Los había de un blanco puro y también de un peculiar ónix que, en las noches, se camuflaban con envidiable naturalidad.

El Palacio Eressëa está construido de piedra y mármol, de un brillante color arena es erguido por poderosas columnas en diseños que, se dice, fueron tallados por las mentes de legendarios Wilwarins, es decir, con una magia superior que hoy día se dice extinta.  

— ¡Plisetski! ¡Detente ahí, mocoso!

Ah, la pacífica vida en Alqualondë, honestamente, no existía desde hace tiempo. Particularmente con jóvenes aprendices como aquel rubio de ojos verdes que sencillamente era incapaz de seguir las reglas básicas, como permanecer en la escuela de magia hasta que las clases terminaran.

El profesor que había intentado seguirle un par de calles más allá de las inmediaciones escolares, detuvo su carrera cuando sintió un pinchazo en el costado, dobló la espalda y apoyó las manos en sus rodillas, tomando bocanadas de aire mientras una gota de sudor le resbalaba por la sien. No era la primera vez que Plisetski escapaba de clases y se perdía en algún lugar de la ciudad.

— Ese mocoso, solo porque tiene talento cree que puede hacer lo que le venga en gana. — Masculló el hombre, irguiéndose con un lamento propio de un anciano (aunque él ni siquiera rozara aún los cuarenta de edad) y llevándose la diestra al costado que pinchó por el innecesario ejercicio.

En tanto, el mencionado adolescente de apenas 16, había desacelerado la carrera y caminaba ahora tranquilamente por las abarrotadas calles comerciales del centro de la ciudad. Los turistas iban y venían en todas direcciones, y él era capaz de escuchar conversaciones en numerosos idiomas. Algunos que podía entender, otros que no.

— ¿Escapando de nuevo, Yuri?

— ¡Mokomichi-sensei! — Masculló el rubio adolescente, maldiciendo entre dientes la habilidad del profesor para disminuir su presencia mágica haciéndole imposible advertir su cercanía.

— ¿Era aburrida la clase otra vez? — El hombre treintañero cuestionó, sonriendo con un afable comportamiento mientras marcaba el paso del adolescente.

— Absolutamente. No me interesan las pociones ni la historia. Quiero aprender a usar los elementos.

— No puedes estar en la cima sin subir peldaño a peldaño, Yuri.

— ChangMin casi lo hizo, y usted lo sabe. Tengo tanto talento como él, ¿por qué yo no estoy en clases avanzadas también?

— Tal vez porque el joven Shim es un poco menos insolente que tú, Yuri. — Respondió sonriente, casi divertido con la exasperación que cruzó las facciones del rubio. — Ahora, de vuelta a clases, eres un Wilwarin talentoso, pero necesitas forjar algo de tu intelecto también. Incluso Yuuri ha comenzado a superarte ahora.

— ¡Ese cerdo jamás será mejor que yo! — Exclamó rabioso. Aunque claro, no era más que la rabieta de un adolescente insolente que todavía no comprendía el significado de la responsabilidad, el aprendizaje y la amistad. Entre muchas otras habilidades sociales y cognitivas que le hacían falta.

— Sí, sí. Es por eso que has de volver a clases, y permanecer en ellas.

Mokomichi dijo, y la respuesta que recibió fue un chasquido de lengua, maldiciones entre dientes y una expresión malhumorada que seguramente le duraría todo el día a Plisetski.

~*~
Carcharoth

En la ciudad del eterno verano, el Palacio de Narya es morada de la familia más poderosa, económica y políticamente, de la ciudad. El linaje Nikiforov, cuyo futuro dependía entonces de su único representante, Víktor. Sobreviviente a una tragedia hace más de dos décadas que le dejó huérfano y bajo el cuidado de otra familia, el Clan Park, cuyas relaciones con los Nikiforov se remontaban decenios enteros en el pasado.

Aun así, las habladurías iban y venían continuamente, asegurando que los Park usaban al único en la estirpe Nikiforov para su propia conveniencia. Verdad o simples rumores, aquello no importaba a los primogénitos de ambos linajes, quienes han forjado una estrecha y honesta amistad tras conocerse desde infantes.

— ¿Todavía insistes en ello, Yoochun?

— ¡Claro que sí! ¿No tienes curiosidad también, Víktor?

— Bueno, la tengo. Pero, si tus padres se enteran, armarán lío.

— Es por eso que debemos ir en secreto. Mis padres no se tienen que enterar.

Nikiforov, de 28 años, se llevó una mano al mentón, entrecerrando la mirada con aire pensativo. Park, mayor por cuatro años, aguardó impacientemente por su respuesta. Después de todo, esta era la clase de aventura que solo podría emprenderse en compañía.

— ¿Fraguando alguna estupidez otra vez, chicos?

— ¡Yunho! — Exclamaron los amigos al unísono, sonriendo con un dejo de nerviosismo.

A saber, el recién llegado, primogénito de la familia Jung, hijo del Comandante de las hordas militares de Fauces Rojas, no era precisamente señal de buenas nuevas. De comportamiento más bien disciplinado y personalidad severa, era un peculiar amigo que no siempre entendía el espíritu aventurero de los otros dos.

— ¿Qué es? Escúpanlo cuando todavía lo pregunto amablemente. — Rugió. Literalmente, y es que no era ningún secreto que el apuesto muchacho de tez morena fuese un Anfauglir. Tal como los otros dos.

— Vamos, nadie está pidiendo una pelea de lobos. — Siseó Park, casi seguro de que sus planes se vendrían abajo cuando le explicaran a Jung la idea.

— Iremos a Cirith Ninniach. — Nikiforov dijo abiertamente, sonriendo como si aquello fuese la misma cosa que salir a tomar en una taberna a medianoche. O algo parecido. — Queremos conocer a los Elfos, y comprobar con nuestros propios ojos si es verdad que son lo más hermoso de Endor.

Jung suspiró, se talló las sienes y luego les fulminó con la mirada.

— Ustedes en verdad son idiotas. — Masculló.

Pero, por alguna razón y ausencia de lógica o disciplina, dos noches más tarde, emprendía el camino junto a Nikiforov y Park, en busca del paso hacia la Grieta del Arcoíris.

~*~
Echorianth

La extensa cadena montañosa que da vida a esta región es conocida también por el hermoso valle que protege en el interior, llamado Himlan y en cuyas laderas occidentales nace el río Gelion, amplísimo y principal afluente de las aguas que bajan cuesta al sur hasta el océano de aguas esmeraldas al que se le atribuyen un sinnúmero de leyendas. Alguna vez, siglos atrás, los Elfos más poderosos pudieron haber habitado aquí.

La creencia se ha hecho popular a través de las décadas, pese a que no hay texto alguno que refiera alguna veracidad a los hechos. Sin embargo, las finas construcciones y sus exquisitas formas apelaban el beneficio de la duda. Pero en más, no hay rastro alguno de vida élfica aquí. Sin símbolos que pudieran pertenecer a su lengua, ni habitante alguno con rasgos de ascendencia majestuosa. En más, quienes moraban el Valle de Himlan, eran más bien comerciantes de todas partes del mundo, que se reunían para hacer intercambios y negocios fructíferos.

El Valle de Himlan es administrado por el Clan Altin, quienes llegaron en sus inicios desde tierras enclavadas entre el oriente y occidente de Endor, por numerosas generaciones han continuado su labor administrativa (política y económicamente) en Echorianth, de un temple gélido y un intelecto superior a otros  linajes de la región, no han tenido par ni contraposición.

Actualmente la familia principal se mantiene a la cabeza con el padre de familia, habiendo sucedido al anciano Altin unos cuantos años atrás. Por lo que, los más jóvenes  no se sienten presionados en absoluto por la sucesión, y disfrutan sus vidas con relativa libertad. Excepto el primogénito, a quien ya se le enseñan las artes de la administración del Valle de Himlan, mientras que sus hermanos pueden llevar una vida fácil.

De entre los seis hijos en la familia principal, Otabek es el quinto de ellos, tiene 18 años y es, probablemente, el más capacitado para suceder el lugar de su padre, pero también el menos interesado. De personalidad seria y rígida pero una nobleza transparente, el joven de tez ligeramente tostada, suele pasar sus horas de ocio paseando por las montañas, recorriendo cada día terrenos que no ha explorado aún, grabando todo en su memoria, por el mero gusto de estar en continuo cambio.

— Otabek, no puedes marcharte.

— ¿Por qué, madre?

— Tu padre quiere hablar contigo un momento, aunque ahora está ocupado en una reunión, haz favor de aguardar.

El muchacho asintió, dejando el bolso en el sofá de la amplia sala en la Mansión. Tomó asiento y, en tanto esperaba a su progenitor, dedicó su tiempo a leer un libro que había obtenido durante una subasta en el centro de la ciudad la semana anterior.

— De todas formas, parece que la salida de hoy se pospondrá. — Dijo para sí, sabiendo que una charla con su padre nunca duraba unos minutos.

Casi una hora más tarde, y varios capítulos leídos de su libro, el Sr. Altin llegó a casa. Se sacó el saco y el sombrero de copa, entregándolo a su esposa, le miró de reojo y tras servirse un vaso de licor, se sentó frente a su hijo.

— ¿Qué leías?

— La Historia del Puerto de los Cisnes.

— ¿Interesante?

— Es una perspectiva que no había leído antes, pero parece bastante fantasiosa.

— No debieras decir eso, Otabek. Estoy seguro de que no conocemos ni un poco de la verdadera historia de todo Endor.

El muchacho asintió, aunque no contradecía las palabras de su padre, tampoco estaba seguro de que hubieran cosas realmente tan increíbles como lo que lee en el libro. De cualquier forma resultaba bastante entretenido.

— Necesito que me hagas un favor.

— Lo que padre requiera.

— Viajarás a Alqualondë. Es imperante.

— ¿Por qué?

— Otabek, me será enviada una mercancía. Sumamente importante. Tanto, que es mi urgencia que la recojas en persona, y la traigas ante mí.

— ¿Qué clase de mercancía?

— No necesitas saberlo. Te daré las indicaciones del lugar y la persona con que has de encontrarte. En cuanto te sea entregada, volverás. No será un viaje largo.

El muchacho no preguntó más, era costumbre familiar obedecer a los mayores. Pero su silencio no era equivalente a quietud. Por el contrario, la seriedad y la propia evasión de su padre para revelar el origen de la mercancía adquirida, solo le hacía sentir tanto más inquieto y dudoso.

A pesar de sus incertidumbres, Otabek emprendió el viaje a primera hora la mañana siguiente, cuando el alba aún no despuntaba en el horizonte sobre las montañas.

~*~
En algún lugar de Endor

— Estoy seguro de que estamos yendo por el camino equivocado, Yoochun.

— Claro que no, estamos siguiendo el mapa, ¿cierto? — Respingó Park a las palabras de Nikiforov, al tiempo que los tres amigos se tiraban a descansar bajo la protección de un frondoso árbol en la colina que han subido.

Más allá, solo podían vislumbrar praderas, y luego montañas. Y hacía dos días que todo rastro de civilización había quedado atrás.

— Y cómo demonios se te ocurrió que sería tan fácil como seguir un mapa. Se supone que el paso a Cirith Ninniach es secreto, idiota.

— Conseguí este mapa en el mercado negro, ¿sabes? ¡Se supone que tenga algo de cierto! — Blasfemó furioso.

Encima, aparte del calor infernal, les escaseaba la comida. Con suerte había ríos en su camino, y sus aguas eran puras, frescas y cristalinas.

— ¿Deberíamos volver? — Sugirió Nikiforov.

— ¡No! — Respondieron a la par Park y Jung.

Y es que eran tercos a su manera. Honestamente, eran más parecidos de personalidad ellos dos, de lo que Nikiforov podía para seguirles el paso.

— Me duelen las piernas.

— Eres un quejica, Víktor.

— Odio el calor, qué quieres que haga, Yunho.

— Vivimos en Carcharoth, ¿cómo es que después de toda una vida ahí no te acostumbras?

— No me molestes, Yoochun. Odio el calor, punto.

Los tres amigos gruñeron, se tiraron sobre la hierba y contemplaron los puntos dorados entre las copas del árbol, cuyas hojas se mecían apenas suavemente por el viento. Era mediodía, el sol estaba inclemente, y ellos, honestamente perezosos para continuar la travesía.

— Volvamos.

— ¡Qué no, Víktor!

— Ng.

~*~

Gráciles eran los movimientos de las siluetas que se deslizaban en el claro de aquella colina. Llevaban descalzos los pies, y vestían ropas que nunca antes había visto en ningún lugar. Ni aún entre los extranjeros más finos. Enfocó su mirada tratando de reconocer el par de siluetas en el claro, bañadas por la luz de la luna y las estrellas. Comprendiendo de pronto que sus movimientos eran una danza, y que cada uno de ellos era preciso y hermoso. Y, en algún momento, aquellas dos siluetas se detuvieron, voltearon en su dirección y, aunque no pudo verles claramente el rostro, jura que escuchó sí, sus voces.

— ¿Man Nályë?

— ¿Mh?

— ¿Mallo Tutalyë?


El grito que pegó despertó a toda su familia. Su hermana y sus padres se apresuraron a su habitación. El joven de cabellos oscuros se sobaba el trasero mientras sonreía graciosamente.

— Yuuri, ¿estás bien?

— Lo estoy, mamá. Solo, me caí de la cama. — Respondió, riendo torpemente mientras se levantaba y disculpaba con su familia. Pronto todos volvieron a su respectiva habitación.

El menor de los Katsuki se sentó en su cama, abrió las cortinas de su ventana y miró afuera. La noche aún era profunda, la 1:36 de la mañana marcaba el reloj en la mesita junto a su cama. Preciosas, la luna y las estrellas seguían reinando el firmamento.

— Igual que en mi sueño. — Murmuró. — Ah, es verdad, qué sueño tan raro tuve.

~*~

— Estamos totalmente perdidos, chicos.

— Lo estamos.

Los tres hombres suspiraron, viendo con un dejo de tristeza que, la ciudad que vislumbraban a la lejanía, era de lejos siquiera parecida a la Grieta del Arcoíris.

— ¿No estamos en El Puerto de los Cisnes?

— Así es.

— ¿Cómo demonios llegamos aquí cuando partimos en sentido contrario?

— Cómo vamos a saberlo, tú traías el mapa, Yoochun.

— ¡No intentes culparme, Víktor!

— Estoy diciendo la verdad.

— Basta, los dos. No hay vuelta atrás, lleguemos a Alqualondë.

~*~
Cirith Ninniach

Había en Cirith Ninniach una belleza extraordinaria aún en sus pequeños detalles, porque los Elfos que aún habitaban estas fenomenales tierras todavía le cantaban a los árboles, a la tierra, a las aguas dulces de los lagos y las saladas de los mares, a la luna y las estrellas, al sol, al frío y al calor, al fuego y a la lluvia. Estos Elfos mantenían viva la magia que les circulaba en las venas, misma magia que vivía en la naturaleza y el cosmos. Porque se debían a ellos y jamás olvidaban sus favores.

Hubo una época, perdida en la historia, en que el paso a la Grieta del Arcoíris era transitable por todos los hombres. Una época en que todos podían vivir en armonía. Época, que ha quedado en el olvido porque los mismos Elfos así lo han preferido. Porque una guerra fue suficiente para comprender que los hombres, y aún las criaturas que entre ellos han evolucionado, no son de fiar. Los licántropos, los hechiceros, los chupasangre y otras criaturas que fácil podían ser seducidas por la ambición y el poder.

Aquella guerra había costado mucho. Vidas, dolor, pesares. Y quien más había sufrido fue la Comunidad élfica, pues casi habían sido exterminados de la faz de Endor. Recluirse y ocultarse en Cirith Ninniach fue la única manera de salvar a los suyos. Y evitar la mismísima destrucción de Endor. Si se perdía el equilibrio mágico, el planeta no lo soportaría y se vendría abajo. Muerte, destrucción y desolación vendrían para Endor.

Una barrera mágica salvaguardaba los límites de Cirith Ninniach, más una guardia constante en todas sus fronteras. La comunidad élfica era hoy día mucho más próspera, y ocasionalmente cambiaban sus galas para salir al mundo más allá de sus lindes. Más ninguno debía ausentarse demasiado tiempo de Cirith Ninniach pues todos y cada uno de ellos eran un eslabón importante en la comunidad.

En Cirith Ninniach existía una jerarquía, determinada desde sus inicios por el poder mágico de quienes quedaban. Tenían reyes y príncipes, militares, artesanos, herreros, etcétera. Entre ellos, había también encantadores de dragones, de unicornios y otras criaturas mágicas que protegidas estaban en la Grieta del Arcoíris pues no era amplia su población y se prevenía su extinción. Estos encantadores no solían pertenecer a la familia Real, pero en la generación más joven así ha sucedido. Los Príncipes Jaejoong y Junsu tenían la habilidad para encantar a las criaturas mágicas. Y eran, de entre la realeza, los más queridos de todos.

Jaejoong, el mayor –aunque su edad difícilmente podía ser contada en años como cualquier otro mortal–, era hermoso como todos los elfos. De larga cabellera negra y ojos del color de una noche repleta de estrellas, su piel pálida como la nieve y los labios rojos como cerezas, de esbelta figura y piernas ágiles para moverse ahí donde quisiera. Tiene control sobre todos los elementos, y se le da bien encantar a los unicornios, entre otras criaturas mágicas menores dentro de Cirith Ninniach.

Junsu, el menor –cuya edad tampoco podría ser contada en años mortales–, era hermoso como su hermano, aunque de rasgos más aniñados. Su cabellera le llegaba a media espalda (mientras que su hermano la portaba más allá de la cintura) y era de un color castaño que podía parecer dorado bajo la luz del sol. De ojos color chocolate y una piel clara, sus labios parecían tinturados de rosa. Su esbelta figura estaba particularmente acentuada por la curva en su espalda. Y aunque de pies ágiles, Junsu era menos habilidoso para trepar o correr grandes distancias. Quizá  por ello se le daba bien encantar seres alados como los dragones, a quienes solía montar y dar largos paseos por los cielos de Cirith Ninniach.

La Grieta del Arcoíris sin embargo, estaba por perder su inquebrantable quietud. Los pasillos del Palacio en el centro de la ciudad élfica fueron invadidos por un grupo de militares que a toda prisa se dirigían directamente a uno de los patios en su interior, ahí donde el Rey solía pasar largas horas meditando frente al Espejo Cuiviénen, donde se reflejaban los eventos más entrañables entre los gobernantes de las ciudades más importantes de Endor. El Espejo Cuiviénen era una especie de fuente de la que nacían aguas mágicas, puras y cristalinas, pero terriblemente honestas. Mostraban el bien y el mal en su más puro estado. Y era deber del Rey vigilar los hechos de los hombres, e intervenir si era sumamente necesario o prudente. El Espejo Cuiviénen sin embargo, no mostraba nada de lo que sucedía dentro de Cirith Ninniach. Por lo que, la terrible noticia entregada por sus militares, solo podía ser un mal augurio.

— Mi Lord Lenwë, ¿cuáles son las medidas que debemos tomar?

El Rey miró a los militares sin emitir respuesta alguna. Pronto su mirada se perdió más allá, entre los altísimos árboles que fungían como pilares naturales del Palacio, sus increíblemente anchos troncos y toscas raíces. En lo alto, los rayos del sol se colaban entre las copas, mientras el viento jugaba con sus hojas y formaba un canto natural de murmullos pacíficos. Se llevó una mano al corazón y musitó unas palabras élficas, segundos después, de las puntas de sus dedos flotaron hebras doradas que tomaron camino al frente, serpenteando entre el Espejo de Cuiviénen y los árboles élficos, enredándose en sus troncos y conectándose en sus memorias. Largos fueron los minutos que le tomó al Rey Lenwë recorrer cada centímetro de la ciudad en busca de respuestas, de indicios.

Los militares aguardaron pacientemente, parados firmes, en absoluto silencio y respetuosos de la presencia del Rey. Durante su consulta a los grandes árboles de Cirith Ninniach, la Reina se unió. Emeldir es su nombre, hermosa como ninguna otra elfa, de cabellos rojos como el fuego y una presencia apasionada como éste. Enterada de la desgracia que había acaecido sobre la ciudad, estaba ahí dispuesta a unirse a la comitiva que fuese enviada en busca de lo que ha sido robado, tan hábilmente, del Palacio.

El Glingal. La Llama Colgante.
La principal fuente de vida para la comunidad élfica.

— Es mi deseo partir en busca del Glingal, pero una imprudencia innecesaria. — Dijo de pronto el Rey, volviendo la mirada hacia su esposa y los militares.

— Iré, Lenwë. Llevaré conmigo a los mejores y…

— No, Emeldir. Has de ir sola, con nuestros hijos. Y ocultar nuestra naturaleza mágica.

— ¿Por qué llevar a Junsu y Jaejoong, Lenwë?

— Porque el Glingal responderá a ellos. Lo encontrarán con menos dificultad y sin desatar una guerra.

Los reyes se sostuvieron la mirada durante instantes. Hasta que la Reina asintió.

— He depositado en tu pensamiento el sendero que has de tomar. Emeldir, no te separes de nuestros hijos, en ningún momento.

La Reina sonrió, de sangre guerrera, no se permitiría error alguno. Su pueblo dependía de ella, y los dones mágicos de sus hijos.

~*~
Alqualondë

Víktor, Yoochun y Yunho finalmente han entrado en la ciudad. Estaban impresionados de cuán hermosos eran sus paisajes y variados sus edificios. Construcciones que iban desde lo más antiguo hasta las más modernas. Un mercado ruidoso y atractivo a la vista. Al menos para Park, cuya personalidad coqueta estaba saliendo a la luz. Mientras que Nikiforov, más sutil pero igual de seductor, trataba de ignorar las miradas pretenciosas de mujeres locales y extranjeras. Jung, demasiado serio para flirtear con extrañas, estaba más interesado en encontrar una posada donde hospedarse.

— Dejen de hacer ojitos o lanzar besos al aire, par de idiotas. Vamos por allá, tomemos un descanso y planeemos nuestros siguientes movimientos.

— ¿Siquiera te interesa alguien, Yunho? ¿Mujeres? ¿Hombres?

— No me molestes, Yoochun.

— Sí, no lo molestes Yoochun. Que es tu culpa que estemos aquí y no en busca de la Grieta del Arcoíris.

— ¿Vas a seguir fastidiándome con eso, Víktor?

— Naturalmente. — Respondió, sonriendo como si fuera la cosa más normal del mundo.

Park gruñó, y por un segundo los colmillos bajo sus labios centellaron su propia frustración. Pero el apretón que Jung dio en su hombro, le recordó dónde estaba. Incluso en Carcharoth tenían que andarse con cuidado, mostrar la naturaleza lobuna que llevaban en la sangre no era prudente, ni cosa buena.

— Tomemos una tregua, los tres. Quiero descansar, y comer algo decente.

— Yunho, en serio me preocupo por ti, amigo.

— También yo, amigo.

— Jódanse.

Mientras discutían, un joven de cabellos rubios les pasó al lado, acompañado iba por otras tres personas.

— Profesor Mokomichi, ¿por qué tenemos que acompañarle a hacer sus compras?

— Oh, Yuuri, porque vamos a compartir la comida, por supuesto. Ya que es el no cumpleaños de ChangMin~.

— Solo está buscando pretexto para que probemos alguno de sus inventos culinarios.

— Hieres mis sentimientos, ChangMin~.

Cuando varios metros separaban ambos grupos, alguna fuerza más allá de su comprensión, hizo virar la mirada a Nikiforov. Y jadear con sorpresa al chocar sus ojos con los del muchacho de ojos avellana. Katsuki sintió sus mejillas tibias. Y el corazón latirle a toda velocidad.

Nikiforov dio un paso al frente, como si pretendiera salir al encuentro del muchacho por el que su cuerpo parecía de pronto arder en llamas y expectación.

— ¿Yuuri? ¿Qué sucede? No te quedes atrás. — Quien le ha llamado es ChangMin, el wilwarin por el que el joven de cabellos rubios se sentía un poquito envidioso.

— ¿Eh? Ah, yo. Sí.

Tartamudeando sin sentido, Katsuki echó a andar con sus amigos (aunque era difícil considerar al profesor Mokomichi como uno, ya que era mayor que ellos), pero volvió la mirada todavía algunas veces más antes de que el –apuesto– hombre de cabello plateado se le perdiera entre los transeúntes. Su corazón, sin embargo, todavía latía deprisa y sentía las mejillas, de hecho, más calientes aún.

Plisetski le miró de soslayo, curioso por el repentino nerviosismo del mayor (Katsuki tiene 23), y es que aunque era ciertamente de personalidad nerviosa y tímido, algo raro estaba extra en su comportamiento.

— ¿Qué rayos con el sonrojo? — Murmuró entre labios, chocando repentinamente con alguien, pues iba demasiado concentrado en adivinar lo que le pasaba a su compañero wilwarin. Estuvo por decir alguna grosería, cuando el otro afectado se disculpó primero.

— Lo siento, no miraba por dónde iba. — Tan amable y caballeroso, que el rubio adolescente se quedó sin palabras.

El muchacho hizo una venia respetuosa y continuó su camino. Plisetski sin embargo todavía estaba sorprendido por la obvia educación del susodicho. Su porte elegante, las finas ropas, el garbo caballaresco.

— ¿Un príncipe? — Se preguntó entre dientes, perdiendo de vista al hombre cuando entró en un establecimiento de antigüedades.

— Ése era Otabek Altin. — Escuchó decir a su profesor. Mokomichi apoyó una mano en el hombro del adolescente… — Y será mejor no relacionarse mucho con él, Yuri.

— ¿Por qué no?

— Te daré más detalles cuando pases tu siguiente evaluación de encantamientos mentales. — Mokomichi dijo con una sonrisilla.

— ¡Qué demonios! ¡Eso es trampa! — Se quejó, señalándole acusadoramente con el dedo, frunciendo el ceño y gruñendo como el crío desafiante que es.

— Se llama intercambio justo, Yuri.

— ¡Profesor, intenta sacar provecho de la situación!

— Naturalmente, por eso es un intercambio justo. Voy a revelarte secretos muy bien protegidos.

— ¿En serio? — Plisetski preguntó, de pronto algo más dócil, sus ojos verdes brillando como los de un cachorro esperando su premio por buen comportamiento. Aunque, él era más como un gato. Arisco y demandante. Sí, un gato le pega más.

— ¿Vamos a continuar nuestro camino? ¿O van a seguir perdiendo el tiempo en tonterías?

— ¿Hambre, ChangMin~?

— Por supuesto. Además, ¿no dijo que es por mí no cumpleaños? Aliménteme, profesor Hayami.

ChangMin.
Shim ChangMin, 19 años. Y el único en todo Endor con poder sobre Mokomichi Hayami. Poder que, secreto a voces, venía del amor (romántico) que tiene el profesor por el aprendiz wilwarin. Aunque 15 años hubiera de diferencia entre sus edades. ¿Noviazgo? No. ¿Algún tipo de relación física? No. ¿Confesión previa? Sí. Una vez, cuando ChangMin cumplió 18, y Mokomichi casi perdió la vida en un enfrentamiento contra otros wilwarin y chupasangre en tierras al extremo norte de Endor. Aquella vez, Mokomichi lo había dicho. “Me gustas, te amo. Eres lo más importante que tengo, y el único temor que poseo en la vida, es no envejecer a tu lado”. Shim no había respondido nada a tales palabras tan honestas. Un solo beso compartieron aquella mañana fría de los últimos días de un crudo invierno. Pero después, quizá ambos tomaron distancia, o sencillamente habían dejado en stand by lo sucedido.

Plisetski chasqueó la lengua, metió las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero y siguió a los otros. Katsuki seguía en su nube, casi parecía que ni siquiera se ha enterado de más nada desde hace minutos. El rubio, por su parte, solo piensa en que sí o sí, deberá cumplir con excelencia su próxima evaluación de encantamientos mentales.


Cuando había perdido de vista al muchacho de ojos avellana, Nikiforov sintió un estremecimiento que sacudió todo su cuerpo, suspiró y luego puso una expresión tan rara que Park lanzó una maldición cuando se percató de ella.

— ¡Qué diablos contigo, Víktor! Pareces, no sé qué, pero das miedo.

— Yoochun, Yunho, creo que llegamos.

— ¿Qué? — Preguntaron los nombrados al unísono.

Nikiforov soltó otro suspiro.

— A Cirith Ninniach. — Dijo.

Sus amigos se miraron entre sí y luego otra vez a Nikiforov.

— ¿Tanto te afectó el calor? — Jung preguntó. — No estamos ni de cerca en…

— ¡Pero lo vi! A la criatura más hermosa de todo Endor. — Dijo, suspirando, sí, de nuevo. — Definitivamente era un elfo, tan hermoso~.

— ¿Dónde? — Preguntó Park curioso. Comenzando a cepillar la zona con la mirada.

Veía sí algunas personas atractivas, mujeres y hombres, pero alguien hermoso. No.

Jung, con más disimulo, también tanteó con la mirada alrededor. Pero como Park, no encontraba a nadie particularmente hermoso por ninguna parte.

— Estoy enamorado, amigos míos~.

Nikiforov exclamó cual embriagado de amor, casi parecía que le flotaban corazoncitos sobre la cabeza, y se echó dramáticamente a los brazos de Park. La cosa no hubiera sido tan desagradable para su amigo si no hubiese comenzado a restregarse contra él como lombriz en un charco de lodo. Feliz, vaya.

— ¡No te me restriegues como perro en celo, joder!

— ¡Pero lo estoy!

— ¡Qué!

— ¡Oh vamos, todos los lobos alpha como yo estamos en celo todo el tiempo! ¡Y acabo de conocer a la criatura más hermosa de Endor! ¡Quiero aparearme con él!

Jung se golpeó la frente, mientras que Park luchaba con su amigo por conseguir sacárselo de encima. Eran todo un caso.

Sin embargo, la escena cómica que el trío de amigos se estaba montando, fue repentinamente interrumpida por un ruido sordo y cercano, cual si hubiera sucedido una explosión. Pronto las personas comenzaron a gritar y alejarse histéricas de ahí, corriendo y farfullando algo sobre fuego en un local.

Park, Jung y Nikiforov se apresuraron (casi por instinto) hacia el lugar de donde veían emerger una línea de humo. Demasiado negro para ser “natural”. Además, había un olor en el aire que no les daba buena espina. Sus instintos lobunos estaban activados, como cuando se predisponen a una pelea.

El lugar era el establecimiento de antigüedades al que antes Plisetski viera entrar al joven Altin. Lo extraño comenzó, cuando del humo negro comenzaron a emerger criaturas malignas que no tenían nombre para los mortales, pero eran bien conocidas por los wilwarin. E incluso para los Anfauglir. Demonios menores que solo podían ser invocados por un Nigromante (siempre ocultos y con centenares de artimañas para mantenerse en anonimato), pero que solían ser el precedente de los Balrog (demonios de fuego creados de maldad pura).

Mokomichi, que no se había alejado demasiado aún, se puso al frente de inmediato, invocando escudos de protección. Los pupilos, reacios a mantenerse bajo la protección de su profesor, han emulado su magia, conteniendo los demonios en un radio de medio kilómetro. No era mucho, pero podían aguantar hasta que otros wilwarin se unieran.

O eso pensaban.

— No hay tiempo, tendremos que intervenir. — Jung dijo.

Y en segundos los tres amigos estaban adoptando sus formas licántropas. Detrás, manteniéndose casi a la sombra de los hechos, la Reina Emeldir y sus hijos Junsu y Jaejoong aguardaban el desenlace de esta batalla.

— Madre, el Glingal estuvo aquí. Pero no más. — El pelioscuro dijo. Notando cómo su cuerpo parecía presto para unirse a la batalla.

— Ha sido transportado de nuevo por magia maligna. Un Nigromante, hacía décadas que no se movían tan despreocupadamente entre los hombres.

— Madre, ¿vamos a mirar solamente? — El castaño quiso saber, consciente del cosquilleo que le corría por las venas. Presto, como su hermano mayor, a unirse a la batalla.

La Reina Emeldir miró a sus hijos. Y vio en ellos su pasión, el fuego que circula en su sangre guerrera. Se sintió sumamente orgullosa. Pero, desechó la idea de que se unieran a la pelea. No aún. No era tiempo para ellos todavía.

— Nuestro destino es recuperar el Glingal. Y no está más aquí. Debemos irnos.

— Pero madre… — Dijeron a la par los jóvenes elfos.

— Ellos lo harán bien. El Puerto de los Cisnes está seguro. Hay al menos cuatro Wilwarin talentosos aquí, y tres Anfauglir. No necesitan nuestra magia. Vamos, Junsu, Jaejoong.

Aunque inquietos, los jóvenes elfos siguieron los pasos de su madre. Sin embargo, cuando comenzaron a alejarse, Park y Jung alcanzaron a vislumbrar, con su vista agudizada bajo la apariencia lobuna, el perfil de los elfos.

Y supieron, que algo acababa de cambiar ahí para siempre.


Mokomichi no estuvo ajeno a la presencia de los lobos de Carcharoth. Ha leído mucho sobre ellos, como cualquier wilwarin en Alqualondë y cualquier rincón de Endor. Pero nunca se había topado con ninguno de ellos. Los escritos dicen que hay varios tipos de anfauglir, pero que entre ellos los más  poderosos eran capaz de tomar la forma de una bestia (licántropo), de un lobo común y corriente, o de un lobo enorme con la habilidad para comunicarse mentalmente con cualquiera al alcance de cualquiera de sus sentidos.

No debo distraerme con eso. Hay que controlar esto antes. — El profesor Mokomichi cambió la modalidad de sus escudos mágicos, de manera que entonces cualquier persona alrededor estaría ciega a la presencia de los anfauglir.

Katsuki, anonadado con la presencia de los licántropos y la habilidad con que desgarraban demonios con sus poderosas garras, fue capaz de mantener un escudo mágico, junto con Plisetski y Shim, que se encargaba de absorber los residuos de magia negra que desprendía el exterminio de cada demonio.

Controlada la situación, el resto fue cuestión de esperar. En Alqualondë no estaba estrictamente prohibido el uso de la magia, sin embargo había un concilio que supervisaba todos los eventos relacionados con ella. Rápidamente se reunían y borraban de las memorias de quienes hubieran sido testigos, los hechos. Era mejor mantener la existencia de los wilwarin a discreción. Como sucedía con casi todo lo sobrenatural sobre Endor. Aunque hubiera existido una época en que la magia y las criaturas que pudieran estar relacionadas con ella, vivieran libremente sobre Endor.

— Una excelente intervención, Mokomichi-sensei. Sus pupilos también lo hicieron bien, aunque hubiera preferido que tuviéramos menos testigos a los cuales manipularles la mente. Sabe que no es fácil para nuestros telépatas encargarse de tanto a la vez, ¿cierto?

— No es como si hubiera sigo elección mía que un nigromante usara tales artilugios en pleno centro de la ciudad. — Mokomichi respondió con tono ácido.

Y la verdad es que tenía varias razones. Empezando por el hecho de que no tenía, para nada, buena relación con el Anciano frente a él. Los ancianos eran los wilwarin más longevos de todo Endor, los más experimentados, aunque no necesariamente poderosos. Incluso el aprendiz Shim tenía más talento que muchos de ellos, pero se les debía respeto por el simple hecho de ostentar el título de Anciano. Por sus heridas en batalla que no sanarían nunca, ya que las heridas provocadas por la magia solía ser de esa manera. También eran ancianos por los logros obtenidos, algunos de ellos, se dice, previnieron guerras entre ciudades, o construyeron puentes políticos en pro de la paz.

Como fuera, para Mokomichi, había ancianos con el que estaba frente a él, que ni siquiera merecían el título.

— ¿Está escuchando, Mokomichi-sensei?

— Lo hago. Y como está escrito en el reporte, los únicos wilwarin que estuvimos ahí fueron Katsuki, Plisetski, Shim y yo. Nadie más.

El anciano achicó la mirada, dudoso de las palabras del profesor. Se acarició la larga barba blanca y finalmente asintió. Indicándole con una simple señal de mano, que se marchara.

Mokomichi salió de aquella oficina con semblante sombrío. Estaba enojado, y preocupado, a partes iguales. Enojado por el poder político que tenían ahora los ancianos, y preocupado porque estaba cometiendo, probablemente, un error, al ocultar la identidad de los anfauglir al Concilio de Ancianos.

— ¡Profesor!

— Ah, Plisetski, ¿qué sucede?

— Yuuri no está en su habitación.

— ¿Qué? ¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

— Cuando los ancianos nos ordenaron encerrarnos en nuestras habitaciones hasta que charlaran con usted. Pero, en cuanto los candados mágicos fueron liberados, salí y le busqué.

— ¿Y ChangMin?

— Estaba leyendo un libro cuando me asomé en su habitación.

— Ve con él. Y esperen un mensaje mío. ¡Anda!

— ¡Sí!

Si bien el rubio adolescente era un tanto rebelde, tenía instinto para saber cuándo era mejor obedecer los mandatos de sus mayores. Y este, era uno de esos casos. Así que volvió sobre sus pasos, atravesando varios pasillos y subiendo escaleras hasta una tercera planta, pasando de largo su habitación y entrando directamente en la de Shim. El morocho volvió la mirada hacia él con gesto inquisitivo.

— El profesor Mokomichi me dijo que esperáramos por él aquí.

— Buscará a Yuuri.

— Lo sé.

— Teme que esos lobos se lo hayan llevado.

— ¿Qué razón tendrían para hacerlo? Y de todas formas, ellos no habrían podido entrar en este edificio, ¿no? Estamos seguros aquí.

— A menos que Yuuri los hubiera dejado entrar.

— ¿Y por qué él haría algo como eso?

— ¿No te diste cuenta? Ah, bueno, es claro que no. Y entendible, todavía eres muy joven para entender algunas cosas. — Shim dijo con aire superior, mientras que al rubio se le fruncía el ceño y le saltaba la venita en la sien. — Uno de esos lobos estuvo particularmente centrado en Yuuri. Podría decirse que lo defendía, y estoy seguro de que sus ojos azules nunca soltaron la figura de Yuuri.


Debía ser una pesadilla. Oh bien, un sueño, no era tan terrible como podría parecer. De cualquier manera, Katsuki estaba curioso acerca de la razón que lo impulsó a romper las reglas de la escuela de magia y salir, por su propio pie, en busca de los lobos. Romper el encantamiento de los candados mágicos en las habitaciones no solo iba contra las reglas, sino que además alertaba a los ancianos de su ausencia. Podrían estarle buscando en esos momentos.

— ¡Ay~! — Exclamó de pronto, habiendo chocado de lleno contra alguien.

— Eres el wilwarin de antes. — Dijo la ronca voz. Y Katsuki reconoció a este hombro, como una de las bestias de antes.

— Yo, esto…

— Relájate. No somos enemigos de ustedes. Soy Jung. — Dijo, extendiendo la mano para un apretón.

Katsuki observó de hito en hito la extremidad que se le ofrecía y la mirada determinada del hombre. Tragó hondo y sintió que le sudaban las manos. De nuevo, ¿qué le movió a venir a buscarles?

— Katsuki Yuuri. — Respondió finalmente, dando un ligero y casi fugaz apretón de manos. Mirando luego a ambos lados. Estaban a las afueras de la ciudad, pero el hombre parecía estar solo.

— Mis amigos están buscando transporte, no queremos problemas con los suyos, así que nos marcharemos.

— ¿Qué vinieron a buscar en Alqualondë?

— Incluso si te debiera algo, no responderé esa pregunta tuya, Katsuki.

— Ah, eso…

— ¡Yunho! — Se escuchó una segunda voz.

Y cuando Katsuki viró ligeramente la mirada, le vio. El mismo hombre con quien sus ojos se cruzaran horas antes. Nikiforov sonreía, aunque sus pupilas no lo reflejaban realmente, en tanto veía a su amigo y parecía reñirle mentalmente.

Detrás, Park caminaba con las manos en los bolsillos y una expresión inquieta que no ha abandonado sus ojos desde que viera aquella hermosa criatura partir. Tanto él como Jung, tenían la urgencia de marcharse de alqualondë por la misma razón.

— Hola, perdona a mi malhumorado amigo. Suele pasarnos después de una batalla, la adrenalina tarda en esfumarse de nuestra sangre. — Nikiforov trata de explicarle a Katsuki, consciente de lo acelerado que llevaba el corazón y las repentinas ansias de conocer todo de él. — Me llamo Víktor Nikiforov.

— Katsuki Yuuri. — Repitió, casi en automático. Estrechando más que la mano del hombre, el abrazo que tan efusivamente le dio. Poniéndole algo más nervioso. — Esto, yo quería…

— Víktor, tenemos que irnos.

— ¿Eh?

— Vamos, andando ya.

— Pero, chicos.

Nikiforov miró aprehensivamente a Katsuki. Y éste le devolvió la mirada.

— ¡Voy con ustedes! — Exclamó cuando los otros dos comenzaron a llevarse a la fuerza (de una forma bastante cómica, sobra decir, que lo llevaban “de cantarito”) al peliplateado.

— No. — Dijeron al unísono Jung y Park.

— ¡Seguro! — Por supuesto, Nikiforov está encantado con la propuesta.

Katsuki mira de hito en hito a los tres amigos. Nikiforov gruñe gutural, Park y Jung hacen lo mismo. Katsuki pensaría que es un lenguaje bastante primitivo, pero al parecer funcional entre los tres hombres.

— De acuerdo, puedes venir si quieres. Nos hemos puesto en sintonía. — Nikiforov dijo.

Más bien acabas de imponer tu linaje. — Pensó Jung.

Estúpido Víktor, tenías que enamorarte de un wilwarin. — Park también tuvo su pensamiento.

— ¡Yuuri!

Oh bueno, las cosas no iban a ser tan sencillas para Katsuki y Nikiforov y esa ansiedad extraña que no les dejaba separarse. Mokomichi está ahí.

~*~
En el sendero hacia Dorthorion

La capucha que les ocultaba el rostro se agitó cuando se internaron en el bosque. El aire helado de su interior podría haberles calado hasta los huesos de no ser por su sangre élfica.

— La vista al frente, hijos míos. El bosque de Dorthorion es engañoso.

— Madre, por qué vamos hacia Dorthorion. El Glingal no está ahí.

— Pero hay en la biblioteca de Dorthorion algo que debo entregarles antes de seguir nuestra búsqueda del Glingal. Jaejoong, el nigromante de antes, no estará solo. Ni debe ser el más poderoso. Lo sintieron, ¿no? Otras presencias mágicas además de la del Nigromante.

— ¿Tan poderosos como para que nosotros no los enfrentemos, madre?

— Una batalla no se gana solo con el poder, Junsu. Lo sabes. Tú, que encantas a los mismísimos dragones, debes saberlo muy bien.

Los jóvenes elfos asintieron, y con la mirada al frente siguieron los pasos de su madre hasta que ella se detuvo. Y al segundo entendieron el por qué. Presencias demoniacas los han rodeado. 


Notas de Felina: 
Como se darán cuenta, he retomado la escritura *w* aunque la srita. inspiración ha decidido que sea con algo nuevo~ espero que sea de agrado para quienes no me siguen por fb y lean esto por primera vez. 
En una semana estaré de vacaciones, y realmente tengo ánimos para continuar los otros miniseriales que dejé pendientes, así que ¡a esperar por ello! 

Ya Ne! ;D