Capítulo 24. De besos robados y empatía hasta en los
partos
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Bien, no es que Takao hubiera esperado que
Midorima chillara de felicidad al otro lado de la línea. Venga, que eso habría
resultado surrealista y hasta tenebroso; pero tampoco es que el simple “oh mierda” y el silencio consecuente le
sirviera de ánimo alguno. Haber tenido que ser él quien terminara la llamada
sin recibir nada de nada a cambio se sentía demasiado incómodo, no, era
doloroso de hecho. ¿Midorima estaría en serio renuente a ser papá? Vale, vale,
que a tan corta edad cualquiera entraría en pánico, pero con la personalidad
del peliverde, Takao no sabe honestamente qué esperar de él.
– Supongo que esperaré, por si me llama más
tarde, o viene a hablar conmigo. O termina lo nuestro… – Susurró por último,
dejándose caer en su cama con desgano y semblante abatido.
Oh no, esto seguramente no sería bueno para
su bebé. Lo que sea que vaya a tener, que con los gemelitos de Kuroko y Kagami
no tiene ni la más mínima idea de la cantidad de sorpresas que la naturaleza le
podría deparar.