miércoles, 28 de diciembre de 2016

Nine Tailed Fox. CAPÍTULO 22. FINAL.



CAPÍTULO 22. FOX & GODS IN LOVING
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El sonido que produjo el grito de los tres zorros hizo eco en la dimensión divina. El dolor que les desgarraba desde lo más profundo de sus almas sacudió con estridente fuerza sus esencias mágicas. Zorros de nueve colas, dioses, criaturas con un poder superior que ahora eran prisioneras de uno de los sentimientos más primitivos conocidos por el simple mortal, adjudicado a este como signo de debilidad. Pero tan propio de todas las criaturas que ninguna podía escapar de él. Dolor.

Era el dolor, como el odio, el amor y la esperanza, un sentimiento que consumía cada fibra de sus cuerpos, de sus almas, de sus corazones. Sentimiento que no dejaba espacio para las treguas, que se sufría como la muerte misma y producía un efecto avasallador de desprecio y el deseo de desaparecerlo todo. Porque si nada existía, el dolor tampoco lo haría.

Era esta la razón por la que los zorros de nueve colas resultaban peligrosos para ambas dimensiones cuando perdían el control de sus emociones. Porque adquirían el deseo de borrar todo cuanto les recordase el dolor. Y ahora, habiéndose apropiado de la esencia divina de los Tres Dioses, el peligro se duplicaba a esferas insospechables.

Perder al ser amado, hijo o amante, traía consigo básicamente el mismo dolor. Jaejoong, Junsu y ChangMin, no estaban listos para renunciar o despedirse. Ni siquiera lo habían contemplado aunque las cosas hubieran pintado tan mal con Soo Ahn o la Abuela de los Tres Dioses. Era como una maldición que caía sobre ellos por revelarse a lo que son. Culpa, remordimiento, miedo. Los peores aliados del dolor.

La Abuela de los Tres Dioses sonreía victoriosa. Esa sensación de poder corría por sus venas como un torrente de adrenalina que la exaltaba y engrandecía su ego.

Jaejoong lloraba a su hijo, de quien la chispa de su mirada casi desaparecía.
Junsu lloraba a su amante. A la tez pálida y fría que anunciaba un trágico final.
ChangMin lloraba su primer amor. Al hombre cuyos ojos casi sin vida aún parecían sonreírle como si agradeciera haberle conocido.

Tanto dolor. Tanta pena.
Tanta furia.

Las colas de los zorros se agitaron violentas, augurando un final que caería sobre todo. Sobre cada ser viviente, en esta dimensión o la otra.

El baku y el bakeneko miraban alrededor con aire preocupado. Los cielos ennegrecidos, los truenos centellar, los truenos haciendo eco, la tormenta fraguarse voluntariosa, el caos a punto de desatarse.

— Jong Suk.

— Ya te lo dije, no creo que haya manera de parar esto.

— ¿En serio? ¿Así es como ambos mundos terminarán?

El Baku quiso negarlo. Pero no había conocimiento alguno en su haber que pudiese cambiar el curso de este destino. El bakeneko se sentía impotente. De pronto parecía que la muerte de Soo Ahn había sido nada, y que la Abuela de los Tres Dioses nunca había tenido pizca de compasión. Las odiaba.

— Basta, Woo Bin. Odiar no ayuda ahora.

— ¿Algo lo hace? — Bramó furioso.

El baku selló los labios.

NO.

Era tan desgarradora la realidad, que daba miedo enfrentarla.

El suelo bajo sus pies comenzó a temblar. La tormenta finalmente se desató con furia. Lluvia, viento, electricidad. No había sitio donde resguardarse.

— ¿Va a colapsar? ¿Este mundo, el nuestro? ¿Este es el final? — Ji Seok levantó la voz. Mirando con angustia el cuerpo inconsciente de Wooyoung. Llevándola luego más allá, donde Yunho se mantenía estático mirando desde arriba a los zorros llorarle a Yoochun y Hayami. — No puede ser así. — Murmuró, acariciando con devoto cariño el rostro del universitario… — ¿No lucharon lo suficiente? ¿Pude hacer algo? Esto no puede terminar así, Jong Suk, Woo Bin. Algo. Lo que sea, algo debe quedar por hacerse.

— Si lo hay. No depende de nosotros.


Aquí estaba todo blanco. Como un gran salón de muros y suelo de porcelana. Se sentía helado, tanto que el vaho escapaba de sus labios con cada respiración. Aunque, extrañamente, no podía decir que sintiera frío, que le quemara las mejillas o alcanzara sus pulmones. Y no estaba solo. Había una esfera de luz rosa pálido que flotaba en el centro del salón. El hombre volvió la mirada hacia sí mismo. sí, también estaba vestido completamente de blanco.

— ¿Qué es esto? ¿El cielo o algo así?

No existe en esta dimensión tal cosa como el cielo o paraíso, Yoochun ah.

— Sabes mi nombre.

Por supuesto. He estado viviendo dentro de ti por bastante tiempo, ¿sabes? Y debo decir, no ha sido tan extraordinario como pensé.

— ¿Dentro de mí? ¿Eres el Aliento de Junsu ah?

Cierto. Así fue como me llamaste. Bien, sí. Soy su Aliento. Soy él, su alma, su esencia mágica. Y ahora estoy aquí, atrapado en este aburrido espacio.

— ¿Qué es este lugar, Junsu ah?

La esfera se agitó, una risa cantarina vino de ella, y luego, la silueta del pelirrojo cobró forma, con sus siete colas y el aura rosada cubriendo su faz. La sonrisa del pelirrojo era diferente. Demasiado transparente, tanto que casi le obligaba a apartar la mirada.

— ¿Me preguntas qué lugar es este? Yoochun ah, que no te conozcas a ti mismo es hilarante~. — El zorro dijo con una sonrisita, acercándose al pelinegro hasta alcanzar su oído, susurrando para él… — Éste es tu interior~ ¿no piensas que estás muy vacío por dentro, Yoochunnie~?

La forma en que el cuerpo del pelinegro se estremeció le doblegó las rodillas. ¿Su interior? Un simple salón blanco vacío. Imposible. No podía ser su interior. No, tendría que haber ahí mucho, mucho más que esto, que nada. Agitó la cabeza de un lado a otro sujetándose la cabeza con desesperación.

— No es verdad… — Murmuró.

Y al levantar la mirada se dio cuenta de que el pelirrojo se había alejado de nuevo, que tocaba con parsimonia uno de los muros con la palma de su mano y tarareaba una canción.

— Junsu ah.

¿Sabes que fui feliz cuando dijiste que estabas enamorado de mí?

— Lo sé, me lo dijiste.

Entonces, ¿por qué está tan vacío aquí? Este es tu interior, pero no parece que seas realmente tú. ¿Tienes miedo, Yoochun ah? ¿Remordimiento, culpa?

— No. Decidí amarte, y haré lo que esté en mi poder para hacerte feliz.

¿Entonces por qué estamos muriendo?

— ¿Estamos?

He permanecido dentro de ti durante mucho tiempo. No previmos esto porque nunca había sucedido. Todo lo que deseo es ser un humano mortal como tú, y poder vivir una vida a tu lado. Pero, nuestros destinos parecen atados ahora. Aunque no estoy en mi recipiente original, dentro de ti se sentía bien.

— Espera, espera. ¿Muriendo? Dijiste que estamos muriendo, que nuestros destinos están atados. Es imposible. Incluso si yo muero, Junsu ah, tú no puedes.

¿Qué sentido tendría la vida para mí sin ti, Yoochun?

— No hables tonterías.

No deberías estar tan angustiado. La muerte es solo parte del proceso natural, ¿no?

— ¡No de esta manera!

¿Qué manera, Yoochun? La muerte es simple. El ser humano la engrandece, la vuelve su enemiga. La odia cuando debería aceptarla con la misma naturalidad con que admite la vida.

— Deja de hablar así. Te lo ruego, Junsu ah… — Gimió, tragando hondo la amarga sensación de incertidumbre, miedo y culpa.

Ah, ahí están. — El pelirrojo volvió la mirada hacia él. Y Park sintió que le traspasaba hasta el alma… — Emociones. Auténticas emociones. Lo que sientes justo ahora.

— No. Mira bien, Junsu ah.

¿Qué más hay para mirar? Tienes miedo de lo desconocido, te aterra la muerte. Sientes culpa porque piensas que es tu responsabilidad. Yo, el Aliento del zorro que amas, no soy tu responsabilidad, Yoochun.

— No quiero perderte.

Entonces muéstrame lo que en realidad hay dentro de ti, Yoochun. No esta falsa habitación blanca.

Si se trataba de aclarar sus propios conflictos internos, o de simplemente anclarse a la ínfima esperanza de supervivencia. Park nunca lo sabría, los misterios que envuelven la existencia de los Gumiho parecían interminables.

Pero sucedió.
Sucedió que el salón blanco se partió en añicos como el cristal que es golpeado con fuerza, y de sus pedazos desperdigados en el piso quedaron solamente pétalos de rosas níveas. Más allá de los muros que le mantuvieron prisionero de sus propios conflictos, el mismo bosque en el que estuviera antes se abrió paso. Pero estaba ahí un Junsu al que no reconocía, su cabello azul celeste o la mirada esmeralda casi se sentían ajenos.

— Junsu ah.

¡Yoochun! — El zorro exclamó su nombre con una alegría inmensurable.

Cuando el zorro quiso abrazarle, una descarga eléctrica le impidió el contacto. Park sintió de nuevo el doloroso pinchar del Aliento en su pecho. Intentó mirar alrededor, pero todo cuanto su campo visual captaba eran nubes negras y una copiosa lluvia que no alcanzaba su cuerpo porque las colas rojo fuego del zorro le protegían.

A un lado, Mokomichi también había vuelto del letargo casi mortal, pero como Park, una barrera impedía que ChangMin le tocase. Y el Aliento contenido en su pecho dolía horrores. Pero, no parecía que fuese a perder la vida como unos instantes atrás. Entonces, ¿qué faltaba? ¿Por qué los zorros no podían recuperar su Aliento?


— Humildad, omma… — Jadeó con apenas voz suficiente para ser escuchado. SungJae intentó dar un apretón a la mano de su madre, encontrando en vano el deseo pues su cuerpo no tenía más energías.

Sentía como si en cualquier momento la última respiración se llevara consigo toda su vitalidad. Le ardieron los ojos y pensó que probablemente estaría llorando. Ha tenido tan poco tiempo para estar con su progenitor, que solo podía pensar que el destino era cruel. Pero sabio, advirtió en sus pensamientos.

La ira que Jaejoong estuvo sintiendo menguó en un santiamén. De la misma forma que sucedió con sus hermanos. Suplantada tal ira por un desesperado deseo de alcanzar el tiempo y dar marcha atrás. De suplicarle al destino que no le quitase a su hijo como le quitó al hombre que amó y de quien solo este recuerdo viviente conserva.

La ira, el dolor o la tristeza, llevarían consigo el mismo final si continuaban así.
Comprenderlo, era el verdadero reto.

— ChangMin ah.

No hables. Puedo sentirlo, estás demasiado débil. Conserva tus…

— ¡Escucha, zorro terco! — Demandó. Con esa estúpida sonrisa suya que no desaparecía. Tan confiado de sí mismo. El morocho, sin embargo, selló los labios, y luchó fuerte por contener también las lágrimas… — Lo entendí antes, por eso sigo con vida. Por eso necesitas recuperar tu Aliento. Pero ChangMin ah, destruirlo todo no es la respuesta.

Las pupilas dorado ocre del zorro se dilataron, sorprendido por la facilidad con que el japonés parecía haber visto a través de él sus más perversos pensamientos. Porque sí, él, como sus hermanos, tenían tal intención. Destruirlo todo si en su mundo no estaban ellos.

— Realmente me hiciste sentir en un desierto arenoso, ChangMin ah. Y cada una de las cosas que quiero saber de ti se esconde dentro de las numerosas dunas cambiantes. El amor que siento por ti es sofocante como el calor infernal del día, y tienes una personalidad arisca que asemeja el frío inclemente de la noche. Pero eres hermoso, y te amo, ChangMin ah. No existes como dios o como zorro para destruir, existes para dar vida.

El zorro le miró a los ojos. Y el labio inferior le tembló de incontables emociones. De pronto lo sintió. El amor incondicional, puro y sincero. El amor que viene natural, que se expresa honesto. Y las nubes comenzaron a clarear, la lluvia cesó. Pero el viento parecía ser el único indispuesto a ceder.

ChangMin y Junsu recuperaron su Aliento casi simultáneamente. De boca a boca Hayami y Yoochun les devolvieron su esencia. Confiados y seguros de que hacerlo no marcaría ningún despiadado final. Porque a final de cuentas renunciar a la naturaleza zorruna no ha sido otra cosa que el deseo inconsciente y asustadizo de una vida normal en la que poder amar y ser amado sin miedos o límites.

Y estaban ahí, alzándose con una victoria sin precedentes, habiendo superado una prueba casi socarrona. Habiendo estado en el borde del abismo a la locura, tocando la puerta al caos y casi dejando entrar la destrucción absoluta. La apariencia de los zorros volvió a lo que era, a los ojos avellana y el pelaje blanco de Junsu, a los ojos oscuros y pelaje café de ChangMin. Aunque en el fondo de sus pupilas brillara aún ese poder superior que les ha dejado la gala de Lluvia y Nube.

— Debemos ayudar a Jaejoong hyung.

Dijeron al unísono. Pero sus miradas habían buscado por igual a Yunho. El moreno lucía devastado. Y claro que lo estaba. Tan impotente sin poder ayudar a su amado. Luego de pronto las colas de los zorros sujetaron sus brazos y le alzaron en vuelo. Yoochun y Hayami les vieron partir, pero con una extraña sensación de paz que les mantuvo tranquilos a la espera.

— Ah, no se lo dije.

— ¿Qué? — Mokomichi volteó a mirarle. Pero de todas maneras el pelinegro no dijo nada.

Park sonrió quedito.

Te amo, Junsu ah. — Pensó.

Pero fue tal la fuerza de su sentimiento que el pensamiento viajó hasta golpear la mente del pelirrojo, cuyas mejillas se ruborizaron al instante. Inquieto por la emoción que le albergaba, apresuró el vuelo junto a su hermano menor hasta el lago donde el mayor aún estaba sumergido en penar y dolor. La Abuela de los Tres Dioses no estaba cerca, pero presentían que volvería en cuanto se percatara de que sus planes eran frustrados.

Dejaron a Yunho junto a Jaejoong, pero el moreno ni siquiera se animó en llamarle. SungJae tenía los ojos cerrados, y estaba tan pálido como el hielo. Su respiración errática le paralizó al instante.

Junsu y ChangMin se miraron. No podían interferir ahora. Esta, por doloroso que resultara, era la prueba de su hermano y Jung. No suya.

Incapaz de palabra alguna, el moreno apenas si pudo mover las piernas y acercarse. Apoyando una mano en el hombro del zorro mayor, se inclinó sobre una de sus rodillas, y la otra mano alcanzó la mejilla del menor. Apenas al tacto de la fría piel, Yunho sintió un dolor impensable cerrarle la garganta. Si SungJae fuera su hijo. No, se dijo a sí mismo, conteniendo unas lágrimas que no debía derramar. Porque era el llanto que se le ofrece a alguien que no está más a su lado. Y SungJae estaba ahí, y no podía morir aún. Porque tenía una larga vida por delante. Porque quería conocerle más, y quererle como si fuese sangre de su sangre, porque era el legado de Yoon Hoo, pero el presente de Jaejoong. Y el suyo propio.

— Jaejoong ah.

Le he fallado, Yunho ah… — Sollozó el zorro. Derramando una lágrima que casi parecía rebelde surcarle la mejilla.

— No has fallado, Jaejoong ah. SungJae sigue vivo. Respira, se aferra a la vida porque confía en ti.

No tengo control alguno sobre la vida o la muerte, Yunho ah.

— Te equivocas. Tuviste control sobre la vida cuando se la diste, decidiste tenerle y ocultarle para protegerlo de la Abuela, ¿verdad? Y lo conseguiste durante doscientos años. La muerte no ha llegado para él, necesitas dejar el dolor, Jaejoong ah. No se trata de poder.

El zorro finalmente lo entendió. Humildad, había dicho poco antes SungJae. No se trata de poder o superioridad. ¡Qué tonto ha sido! Jaejoong llevó su mano al pecho de su hijo, y con el cariño que solo quien procrea puede dar, le besó la frente.

Y las nueve colas del zorro volvieron a resplandecer con el azul claro de los cielos, sus ojos, negros, grandes y hermosos brillaron intensamente. El aura que emanó de su cuerpo no fue entonces la magia del dios Viento, siquiera la zorruna. Fue su amor de madre, la magia que curó las heridas mortales que tenían a SungJae en tan mal estado. Tan bondadoso, tan puro, tan humilde, que pronto la vitalidad llenó de nuevo el cuerpo del joven zorro. Su piel recobró calidez y el corazón palpitó con normalidad.

— Omma~.

¡Mi querido SungJae! — Exclamó estrechándole en brazos. Besando su rostro incontables veces, sintiendo el alivio y el regocijo circularle en la sangre misma.

— Estoy bien, omma. Sabía que me ayudarías. Y que Yunho hyung vendría aquí, preocupado como un padre por su hijo… — El muchacho le sonrió al moreno, alargando una mano para atrapar la ajena, apretándola con un cariño que el moreno nunca antes había sentido.

Como si fuesen una familia de verdad.

— ¡No!

Escucharon de pronto. Y vieron a la Abuela de los Tres Dioses alzarse en lo alto, envuelta en un aura oscura que pesada se sentía como un muro de odio y perdición. Era evidente que la Abuela se había perdido a sí misma, probablemente cegada por sus propias ambiciones.

— Si yo no puedo gobernarlos, ¡no podrán marcharse! ¡Haré caer en pedazos esta dimensión!

¡Abuela, por favor, detente ya!

— ¡Nunca!

Si esta dimensión caía, el mundo de la humanidad también.
Los zorros, sin embargo, no iban a permitirlo.

--//--

Cuando Wooyoung llegó a este departamento, llamó a la puerta y tranquilamente esperó ser atendido. Nichkhun apareció del otro lado, se le notaba demacrado, pero de alguna manera seguía siendo atractivo.

— Wooyoungie, has venido. — Dijo, sonriendo cual si una gran noticia le fuese dada.

— He venido. A entregarte esto, NichKhun.

— ¿Eh?

— Te pertenece después de todo. Pero NichKhun, cuídale muy bien de ahora en adelante. Estoy seguro de que llegará alguien a quien realmente debas entregárselo sin reservas.

El muchacho extendió un cofre hacia el tailandés. El objeto fue mirado con aire confundido por quien lo recibía.

— Wooyoung ah.

— Te amé, NichKhun. Mucho. Pero lo nuestro terminó, ya sufrí y lloré la pérdida. Ahora, soy feliz NichKhun, y lo merezco. Igual que tú. Pero no juntos. Adiós.

Dando media vuelta, el muchacho se apresuró al auto que le esperaba en la calle. Ji Seok sonrió cuando subió a su lado, encendió el motor y condujo.

— ¿Estás tranquilo ahora, Wooyoung ah?

— Lo estoy. Porque no tengo más remordimientos. Pero sobre todo, porque estoy contigo, Ji Seok.


— Hayami, tengo hambre.

— Acabamos de comer, ChangMin ah~.

— ¿Y? tengo hambre, quiero carne.

— Tú siempre.

— Si ya sabes entonces por qué me rezongas siempre. Vamos, llévame a comer.

El japonés se rio de buena gana. Era tan adorable así de exigente, que lo excitaba. Sí, en el sentido sexual, lo ponía de ánimo.

— Si no me lo vas a pedir de favor al menos dame un besito o algo, cariño~.

— ¡Ni de broma!


— ¡Oh, esto es genial! Gracias, papi~.

El moreno aclaró la garganta. Era demasiado, en extremo, que SungJae le llamase de aquella manera. Pero era así. Apenas hacía unas semanas que todo había terminado con la Abuela, pero ya estaba casado con Jaejoong, y además ha adoptado a SungJae, agregando al chico al registro familiar, por lo que ahora era Jung SungJae.

— Gracias, Yunho ah. — Jaejoong le besó dulcemente mientras una sonrisa asomaba en sus seductores labios rojos.

— En realidad, soy yo quien está feliz. Teniendo una familia tan hermosa, Jaejoong ah… — Dijo, besándole despacio, más profundo, más húmedo.

— Si piensan darme un hermanito, al menos no lo hagan delante de mis ojos, omma, appa.

— Oh, mierda… — El moreno dijo entre dientes, sumamente avergonzado de haber olvidado por un instante la presencia de su hijo.

Jaejoong, avergonzado también, escondió el rostro contra el hombro de su esposo, preguntándose de todas formas si es que podría procrear una segunda vez.
SungJae sonrió divertido. La verdad es que verlos avergonzarse lo era, y él lo encontraba bastante entretenido.

— ¡Ah, YongGuk~! — SungJae exclamó de pronto, agitando la mano para que el chico del otro lado de la calle le mirase.

Y Jaejoong como Yunho se sorprendieron cuando su dulce hijo saltó –literalmente– a brazos del muchacho, besándole como si la vida le dependiese de ello. No es que estuviesen en contra, o que les extrañara del todo. Es solo que, bueno, instinto de padres.


Cuando Park llegó a la azotea, Junsu tarareaba una canción mientras miraba el estrellado cielo nocturno.

— Traje soju, y soda, Junsu ah.

— ¡Yoochun ah~! — El pelirrojo se le fue encima.

Emocionado de que hallase vuelto, aunque apenas hubieran pasado unos minutos, que solo fue a la tienda de conveniencia más cercana al departamento.

— Junsu ah, tus colas.

— Oh… — Sonriendo como quien hace una travesura, el pelirrojo miró las siete colas ondeando en su espalda.

Y juguetonas, enredarse con las dos que se agitaban en la de su novio.

2 comentarios:

  1. Jajajaja no puedo imaginarme cómo se vería YC con solo 2 colas jajaja 🤣

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  2. A caray!!!! Cómo así mi Chunnie con colitas!!! Ay yo me muero!!! Todo adorable con esas dos colitas haciendo arrumaquitos a Junsu aaaahhhh supongo que Hayami también tienes dos!!! Verdad??? Solo que...imagino que si arrumaquea a Voldemin...capas que lo amenaza con cortarse las jajaajaj

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