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Parte 5. La prisión de tus muslos y la
esencia de tu corazón
Ryouta
no se había sentido tan nervioso hace tiempo. De hecho, probablemente a pesar
de todo justo en ese momento quien más tembloroso esté sea él. Aunque han sido
unos cuantos días los que han transcurrido desde que dejó de acosar a su amado senpai, para él había
resultado como una eternidad. Honestamente, no debiera estar aquí; sin embargo,
no había podido evitarlo ni un minuto más.
—
Es una tortura estar separado de Yukio-senpai… — Gimoteó para sí, cubriéndose
la boca con una mano y desviando la mirada. Maldiciéndose mentalmente por ese
calor que le ha subido a las mejillas.
—
¿Qué has dicho, Ryouta? No puedo escucharte claramente si te cubres la boca, y
es de mala educación.