Capítulo 9. Para calmar un corazón herido, muestras de
cariño aunque sean invisibles
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Midorima terminó su desayuno más rápido que
otros días. Takao le ha estado ignorando olímpicamente desde que inició la
jornada escolar, ni siquiera le ha molestado con su ruidoso Shin-chan, le ha saludado con un molesto
-más que el anterior apelativo- senpai
carente de emoción alguna. Y no es que el peliverde haya notado antes ningún
tipo de emoción ni nada. No, eso no tiene nada qué ver.
– Malgasto mis pensamientos en esto… – Dijo
para sí, acomodándose como suele tener por costumbre, los anteojos sobre el
puente de su nariz. Suspiró y desvió la mirada hacia ninguna parte en
particular… – Nunca antes los horóscopos me habían fallado. Ahora todos los
días parecen estar en mi contra.