~*~*~*~
Parte 13. Entre un entrenamiento
espartano, sentimientos dulces
Tras
el juego propuesto por Ryota, había algunas cuestiones allí que aclarar, visto
que los murmullos entre pares comenzaron a hacerse notar. La pregunta absoluta
era, ¿qué mierda era este juego? Y es que habían comenzado a surgir comentarios
que divergían entre sí. Después de una ligera discusión, la conclusión fue que
la mayoría conocía dos variantes del mencionado juego “silla caliente”. La
verdad era que ambos tenían su tinte pícaro, y que para los adolescentes era un
reto infalible que completar.
La
primera versión era una especie de juego de seducción donde un participante
tomaba sitio en una silla, y un segundo sujeto (o incluso algunos de ellos,
dependía de la forma en que se organizaba el juego) debía acercarse a él con la
intención de disparar su pulso cardíaco mediante bailes seductores. Por
supuesto, el primer sujeto debe mantener la calma tanto como le es posible, y
demostrar autocontrol; y el segundo debe desplegar todos los recursos para
flirtear que tenga conocidos. En algunas variantes de esta “silla caliente” se
ponen límites tales como evitar el contacto directo o mostrar actitudes
demasiado provocativas (el toqueteo en partes de la anatomía específicas como
la entrepierna o el pecho, el uso de la lengua o besos sugerentes, entre
otros), pero, una vez más, todo dependía de cómo determinado grupo organizara
su juego de “silla caliente”.