Capítulo 15. De tragos amargos y corazones inquietos se
trata el amor
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Shintaro Midorima estuvo a punto de dar media
vuelta y salir corriendo de la casa de Takao. Pero claro, Shintaro Midorima no
es ningún cobarde, ¡no señor! Y mucho menos si los astros han presagiado un
gran día para él hoy. Sin embargo, que sus piernas tardaran un poco en
responderle a sus pensamientos no era culpa suya, cualquier ser humano con
escrúpulos le daría la razón en una situación alarmante como ésta. Su novio ha mencionado la fatídica oración que todo adolescente en su sano juicio teme: te presentaré a mis padres.
– Maldito Takao, seguramente está disfrutando
enormemente esto… – Susurra para sí en tanto el pelinegro aguarda en el pasillo
de entrada, mirándole con esa sonrisa pícara que suele bailotear en sus labios.